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Presentación del libro Darse al pensar, de Marcelo Percia / Gabriela Etcheverry

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 4 may
  • 5 Min. de lectura

Me toca, una vez más, presentar un libro escrito a través de Marcelo, denominado Darse al pensar. 

Digo a través de él pues haciendo máquina con varios de los textos en los que finge de autor, está siempre planteada la posibilidad de poner en interrogación su propiedad.

Este libro es, como tantos otros, un ofrecimiento; es un libro que ofrece mundos posibles, otras preguntas, referencias y reflexiones acerca de varias cuestiones. 

Darse al pensar es un libro que se da. Como dice en su página 11. Entrega, vacila, confía y sospecha a la vez. 

Es un libro que invita a las alegrías del pensar con, estando en conversaciones. 

Produce unas preguntas desafiantes para estos tiempos en los que vivimos; iba a decir tiempos que corren y también pienso que son tiempos que nos corren, y que entonces la necesaria demora a veces acontece en el encuentro con un libro. Por ejemplo: ¿qué condiciones hacen falta para darse al pensar? ¿Cómo estamos viviendo? ¿Qué sabemos acerca de la vida que estamos viviendo? ¿Qué nos está pasando?

El libro nos invita a perder el hilo para poder pensar otros pensamientos, inventando palabras y otros nombres para las cosas. Pensar con pensamientos que permitan pensar lo impensado, pensar contra la inercia de lo establecido.

¿Qué se hace ante la hondura sin fondo? ¿Cómo se hace para vivir sin preguntas, sin incertidumbres, con certezas, con sentidos preconcebidos? ¿Cómo inventamos otros modos de estar?

Que nunca renunciemos al acto de pensar para agradecer la vida, ni dejemos de agradecer el don de pensar. 

El texto convida con preguntas agridulces: en el aula, “¿cómo se llama a quienes están ahí? ¿audiencia, público, estudiantes, participantes? ¿Curiosidades, avideces, indiferencias, especulaciones, complicidades? ¿Cómo se convoca o invita? ¿Se pide que esperen y confíen? ¿Se ruega atención? El amor de transferencia no se mendiga”. Digo, el amor, cualquiera, no se mendiga. 

Y otras cuestiones aparecen: “Tomar lista o controlar la asistencia pone a la vista por lo menos dos cuestiones: una, la del deseo de estar ahí; otra, la pregunta de si la clase se necesita”. Si no existiera una amenaza o coacción, ¿las aulas estarían desiertas? ¿Qué decir de quienes se van durante la exposición? ¿Se equivocaron de aula? ¿Tienen una urgencia? ¿Alcanzó con lo poco que escucharon para concluir que eso no les iba a servir? ¿Habrá que decir una cosa maravillosa por minuto para cautivar o retener audiencias?” Y agrego, ¿habrá que ser porristas para entretener en la clase?

Y un saber: darse a la clase supone darse a un entusiasmo.

¿El mundo necesita que se lo salve en las aulas? ¿O solicita que se lo piense para interrogar las razones del daño?

Este texto, que habla a través de Marcelo, dice también que “A veces se lee para hacer amistad con quienes sienten la vida de un modo que nos hace bien”. 

Dice el libro “¿Cómo decir lecturas que se encuentran con algo que no se puede borrar ni se puede leer? ¿Cómo decir lecturas que se chocan con lo indeleble e ilegible, a la vez? A veces no se lee o se lee sin leer. O se lee hojeando un libro de cientos de páginas tentando al azar, a la suerte, al hallazgo ... O se lee en forma dispersiva tentando o propiciando desvíos.” Entiendo que hay aquí una bella invitación a experimentar un modo de leer, y también considero que un desvío es muchas veces la expresión de una potencia. 

¿Cómo estás, cómo te sentís, qué te está pasando? invitan a escuchar la vida, palpar sensaciones, remover memorias; sostener infinitivos de escuchas extendidas. 

Entre decir y escuchar, tender puentes que produzcan cuidados, acompañar disonancias y derivas, habitar inconclusiones y prestar atención a los múltiples sentidos posibles. Escuchar cómo habitar desasosiegos, dice el libro; escuchar habitando el malestar de una época que por sobre todas las cosas duele; escuchar escuchando desolaciones; escuchar la ausencia de palabras cuando el horror es todo lo que se deja ver. 


Al presentar este texto, jugando con el diccionario, quería acercarme a:

Hacer manifestación de algo, ponerlo en la presencia de alguien, exponer, manifestar.

Dar gratuita y voluntariamente algo a alguien. Regalar, donar, conceder, legar.

Ofrecer, dar, entregar, mostrar.

Proponer, postular.

Introducir a alguien en la casa recomendándolo personalmente.

Colocar provisionalmente una cosa para ver el efecto que produciría colocada definitivamente. 

Dar a conocer, exponer, explicar, exhibir, enseñar, mostrar.

Comentar o anunciar.

Ofrecerse voluntariamente a la disposición de alguien para un fin. 

Comparecer en algún lugar o acto, asistir, concurrir, ir.


Esos significados, extraídos del diccionario, componen este estar acá hoy, presentando este libro.

Darse al pensar, darse a la clase, darse a la escucha, darse a la cita, darse a la lectura, darse a la amistad, son algunos de los capítulos que más reverberaciones me produjeron; la amistad como celebración de la confianza y la calma y el abrigo en la que se da. 


En el apartado 12 del último capítulo, en la página 400, dice el libro: “Deleuze (1988) dice en una entrevista que aceptamos la amistad con sus locuras. No la tratamos de cambiar como, a veces, hacemos con quienes nos trajeron al mundo, con quienes formamos parejas o con las vidas que ahijamos. La idea de una amistad con la rareza, recuerda el pensamiento sobre lo extraño en Nietzsche. Su obra interroga una posible amistad con lo que no resulta asimilable, con lo que difiere de lo previsto. Una amistad con lo que no se presenta como similar o semejante. Una amistad no con lo próximo sino con lo lejano. Una amistad con lo que no se puede reducir a lo conocido. Nietzsche se pregunta por la amistad con la enemistad. Imagina una comunidad de existencias extrañas. Entrevé la amistad como sublimación de la enemistad y, también, la enemistad como condición de la amistad”.


Elijo esto como insistencia en estos tiempos que corren y nos corren, para detenernos en la necesidad de poner en duda este destino que parece preestablecido, el destino de las guerras a la vista y las ocultas, rescatando la potencia del estar produciendo común en estas orillas, que juntan y distinguen a la vez y que convocan a seguir. En la página 401 dice el libro: “Una vida no se sabe si no se cuenta. Amistades se necesitan para saber la vida. En cada amistad la vida se cuenta distinta”. 

Esta última lectura elegida me lleva a invitar a darnos a la poesía de Circe Maia: 


Hay días

Hay días en que andamos como heridos

ya como desangrándose

pero nada es visible; uno a uno

se realizan los ritos cotidianos:


se trabaja, se habla,

se escucha, se responde.

-Si, no, tal vez. Se dice. 

Se pregunta también y la mirada

responde y las palabras

responden… Los circuitos

estímulo- respuesta no han dejado

de funcionar. Funcionar. Pero hay algo

en estos días, roto, no responde.


Un hueco frío, un tajo

silencioso atraviesa silencioso.

Una piedra pesada silenciosa

cae pesadamente

cae. 


Ojalá que, para esos y otros días, podamos seguir dándonos a la amistad. 

Viernes 17 de abril, 2026, Montevideo. 



Maria Tinaut Sin título y todavia verano (tazas) 2020 Instalación
Maria Tinaut Sin título y todavia verano (tazas) 2020 Instalación


Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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