• Revista Adynata

Sesiones en el naufragio (2) / Marcelo Percia

Consuelos


Resignaciones afirman que no vale la pena hacer nada.


Consuelos saben estar próximos de lo irreparable.


Resignaciones admiten fastidiadas lo inevitable. Alojan omnipotencias heridas que se escudan detrás de pesimismos absolutos. Omnipotencias que repudian dolores de la vida como si se trataran de injustas conspiraciones en contra de sus merecidos poderes.


Consuelos abrazan lo insoportable.


Resignaciones resguardan altiveces, vanidades, supremacías irrenunciables. Omnipotencias que no quieren abandonar sus dominios. Omnipotencias que blindan desamparos, acorazan vulnerabilidades, desmienten o postergan vejeces, niegan lo inexorable. Omnipotencias que mitigan el impacto de lo inevitable.


Terquedades, que hasta tal punto rechazan lo perdido, que prefieren cultivar derrotas, despreciar posibilidades, festejar desastres.


Resignaciones, omnipotencias, terquedades, cultivan resentimientos.


Resentimientos no buscan consuelos, exigen resarcimientos, claman venganzas, se enfadan con lo imperfecto.



Dolores piden respeto del dolor: ese solo consuelo.


No se sabe qué hacer ante lo irremediable.


Rituales de un duelo o actos de una común cercanía (como los del juego o los del amor o los de la clínica) se sostienen, también, en un abrazo, una palabra, una mirada, una disponibilidad.


Acciones mínimas que cobijan lo irrecuperable.


En El porvenir de una ilusión, Freud (1927) objeta consuelos de las religiones, promesas esperanzadoras, bondades caritativas, caricias compasivas que adormecen la aflicción.

No se puede huir del dolor.


El psicoanálisis se concibe como decisión de habitar en la intemperie: última responsabilidad de la soledad.


Desde entonces, clínicas procuran consuelos que no residan en las hebras de la fe ni en las mallas alambradas de la razón.


Consuelos que atiendan la terriblez.


Consuelos que no intenten suprimir pesadumbres.


Consuelos que no nieguen lo perdido.


Consuelos que no añadan culpas ni demandas al pesar.


Consuelos que den el estar ahí.


Consuelos que alojen dolores que no tienen dónde guarecerse.


Consuelos que rescaten desdichas caídas en lo impronunciable.



Dmitri Baltermants, Duelo, 1942, 29.5 × 39.4 cm, Impresión en gelatina de plata

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