SeƱales para explorar las juventudes en el aula: indicios para una narrativa colectiva / Malu Kruk
- Revista Adynata
- 2 nov 2025
- 9 min de lectura
Caos, sincronĆa y afectaciones
Este ensayo reflexiona sobre la prĆ”ctica docente en el espacio del Taller de Expresión y Lengua y Literatura en secundaria, proponiendo una mirada situada, afectiva y polĆtica sobre las juventudes en el aula. A travĆ©s de experiencias concretas, se problematizan las formas tradicionales de enunciación pedagógica y se propone una pedagogĆa de la escucha, la grupalidad y la pregunta. El texto articula teorĆa y prĆ”ctica desde una voz docente que se reconoce en construcción, atravesada por sus estudiantes, el territorio y la literatura.
Pensar las consignas del trabajo Ć”ulico requiere de varias instancias que se dan en simultĆ”neo. En sincronĆa. En una especie de caos que se nos ofrece a la interpretación. Hay que atrapar los anzuelos en el aire, en las palabras, en las miradas, en las afectaciones. Se trata de pensar a quĆ© cosas le prestamos atención históricamente en la escuela y cuĆ”les son aquellas que nos demandan hoy.
El taller como ruptura del diseƱo homogeneizador
Como docente de Taller de Expresión, muchas de las actividades āal menos las mĆ”s significativasā se forjaron en autorĆa directa con mis alumnxs. Un taller implica un margen de maniobra mayor que una clase programĆ”tica. Como seƱala Andruetto:
āEn un taller de expresión se rompe el diseƱo homogeneizador, tradicional en los procesos de enseƱanza para permitir el ingreso de distintas edades, experiencias de vida, experiencias lectorasā (Andruetto & Lardone, 2011).
En Taller notĆ© la grupalidad de una forma mĆ”s lĆŗdica que en Literatura. Fui testigo de alianzas inesperadas con el espacio y entre ellos, y tambiĆ©n conmigo. TambiĆ©n reconocĆ el disciplinamiento que esconde la propuesta pedagógica. En tanto que ellos me pedĆan habilitación todo el tiempo para preguntarme si esto se puede hacer, si esto no, si estaba bien o si estaba mal. Aquello de la habilitación tenĆa que ver con la escritura. Y tambiĆ©n con una vigilancia del mundo adulto que ya tenĆan incorporada.
Sorprendidos por ese "sĆ, claro"Ā continuaban contentos, incrĆ©dulos. Progresivamente se iban lanzando aĆŗn mĆ”s: producciones que empezaban tĆmidas, se expandieron. Dibujos que arrancaban como bocetos tomaban nuevas formas y contrapuntos. PresenciĆ© avances: gestos sutiles, pequeƱos y enormes. Y todos, cuando eran genuinos, estaban relacionados con la grupalidad, la relacionalidad. Luego, la escritura, ese acontecimiento Ćntimo y grupal, polĆtico y estĆ©tico. Ese acontecimiento que rompe de algĆŗn modo la observación del mundo para contenerla, atraparla en palabras. Entramparla, digamos, en el lenguaje para proponer, luego, su liberación.
Hoy es necesario pensar consignas que pongan en juego el contenido desde otro lugar. Consignas que reactualicen intereses y que no subestimen los conocimientos de los estudiantes. Consignas que escuchen, que no aplasten coercitivamente su frĆ”gil vĆnculo con la escuela. Empezar a despojar los supuestos de que "los chicos no leen", "no les importa nada", "no le dan bola a nada", para bajarnos del podio de la verdad y desarmar algunas armaduras con las que fuimos educados. Consignas que tambiĆ©n involucren a los profesores para integrarse equitativamente en esa grupalidad de la que tambiĆ©n forma parte.
La escucha y la pregunta como posturas epistemológicas
Lejos estĆ” esto de la infantilización, romantización y el vaciamiento. No. Una escucha es, ante todo, una invitación a la resonancia y esta es una posición epistemológica, polĆtica y artĆstica ante las adversidades que plantea desde siempre el sistema educativo. ĀæResonar con quĆ©? Con las lĆneas de ruptura de los cuerpos pedagógicos. Cuerpos apalabradosĀ (en palabras de Percia), cuerpos reducidos a una interpretación que deja afuera gran parte de la problemĆ”tica.
Durante estos aƱos, fueron los chicos, esosĀ que supuestamente no leen, quienes me acompaƱaron con recomendaciones de lecturas, pelĆculas, mĆŗsica, musicales. Nunca desestimĆ© ninguna de sus intervenciones. En cuanto pude hacer un hueco, leĆ los mangas que me prestaron, vi sus pelis, escuchĆ© su mĆŗsica. Los vi compartirse libros que estaban caros y esta socialización circular aseguraba la lectura y promovĆa conversaciones y puntos de vista. En recreos. En espacios -fugas- que se armaban durante el horario de clase. LeĆ sus producciones en wattpad. Cada vez, con cada ejercicio abordado desde este lugar, rompĆan esa lĆnea de frontera que los inhibĆa de mostrar sus escritos y, en la medida que uno se acercaba, otro tomaba el envión para hacerlo despuĆ©s. AgradecĆ cada uno de esos gestos. RespetĆ© tiempos y procesos. TomĆ© sugerencias que surgĆan de las clases. Me asombrĆ©.
No siempre fui asĆ como profe, mĆ”s bien fue algo que aprendĆ, mĆ”s bien fue algo que me enseƱaron ellxs. Esto no quiere decir que antes no escuchaba, sino que esa escucha estaba moldeada por el modo en que a mĆ me educaron instituciones y personas. UbiquĆ© bajo sospecha mi modo de enseƱar. Me hice preguntas o como sugiere Haraway me hice la pregunta correcta. RevisĆ© respuestas. En una clase, una profesora de la especialización que estoy haciendo enfatizó el significado de "hacer visible lo visible". Cuando dijeron esta frase fue como si me hubieran dado la fórmula para deshacer un hechizo (Āæmaleficio?)
En el camino de mi formación, volvĆ a retomar las preguntas que me trajeron al aula. Esas que cuando era chica me hicieron pensar desde la hostilidad, la posibilidad de ser docente, no porque fuera fĆ”cil (como bien apuntan algunos discursos) sino porque querĆa cambiar las cosas, esa utopĆa que moviliza cuerpos y posibilita horizontes. Las cosas que no me gustaban. Y siempre me pareció que el aula representa una explosión de posibilidades.
Tuve la suerte de que en ese mismo camino me crucĆ© con docentes que me alentaron, alojaron mis inquietudes. Y esa materia prima, esa herencia es la que se pone en juego en mis clases. El barrio, mi consciencia de clase, mis contradicciones, mis heridas, mis potencias, la infancia que fui y que de algĆŗn modo soy. No es un cuerpo fragmentado el que da clases, es un cuerpo que se construye con imaginarios posibles. TambiĆ©n con imaginarios imposibles. Estos configuran un punto de convergencia que oficia como costura de estos pedazos. Generan espacios dentro del espacio. Lugares que, necesariamente, tienen que ser colectivos, redes, bosques de entretejidos. Tal como sostiene Le Guin: "El mundo siempre es nuevo... Por muy viejas que sean sus raĆces". Por eso, componer una clase es habitar un escenario polisĆ©mico e inĆ©dito. Es tambiĆ©n entender que hay otros instrumentos que hacen la mĆŗsica y merecen un lugar. Una escucha. ĀæDe quĆ© otros modos podemos habilitar la circulación de interĆ©s? ĀæCuĆ”les son nuestras afectaciones al momento de enunciar desde un paradigma determinado una posición pedagógica? ĀæCuĆ”les son los umbrales que enfrentamos en el aula y cómo los abordamos? ĀæCómo podemos suscitar una red de afectos que sostenga la prĆ”ctica pedagógica?
Consignas que despiertan grupalidad
Vuelvo a la consigna. Irme en este caso es una forma de regresar. Retrato con escenas. Dice en la ficha de confidencialidad de alumnx X: "SegĆŗn informaron las profesionales tratantes el aƱo pasado ante situaciones que le representan algĆŗn tipo de imposibilidad, se replegaba recostĆ”ndose en el escritorio". TrabajĆ© con este curso actividades que abordan la grupalidad. AsĆ, en una clase, llevĆ© a cabo una especie de "Juego de la silla"Ā pero con la escritura. Este juego consistĆa en que cada uno iba a dejar una hoja en una mesa y les daba una consigna de escritura. Luego, los hacĆa parar bajo ciertos requisitos "se van a mezclar y van a caminar hacia otro lugar en puntas de pie" o āvan a caminar como zombiesā. Choques, risas, complicidades nuevas. Cada uno se sentaba en otro lado y se cruzaba con nuevas hojas. Al principio podĆan seguir quiĆ©n escribĆa quĆ©. MĆ”s tarde se olvidaron: emergió el grupo. En ese mar de jóvenes estaba este alumnx: divertidx, partĆcipe, conectado. Este mismo alumnx en otras de las consignas en las que dije: āsolo se puede hablar en clases en susurros, de no ser asĆ, hay tareaā. Risas de nuevo, gestos, comunicación no verbal. Y este alumnx que se acerca a preguntarme algo. āEn susurrosā,Ā indiquĆ©. Me miró desprevenido y contento, como diciendo: "ah claro, yo tambiĆ©n juego". Susurró.
Otra escena. TenĆan que dibujar una puerta. Cómo serĆa la puerta de su mundo. Atónitos por la propuesta, comenzaron los trazos. Colores, lĆ”pices, mecanismos para ingresar, muy difĆciles, mĆ”s accesibles, picaportes de formas inĆ©ditas. PoesĆa hecha dibujo.
Otra. TenĆan que pensar una frase atribuida a Borges que āel tiempo es una gran antologista o quizĆ”s el Ćŗnicoā. Alumnx levanta la mano y dice: āah es como hacer una playlistā.Ā
Otra. Alumnx con TEA hace un fanzine de pƔjaros. Son coloridos. Brillantes. Poderosos. Mismx alumnx cuando termina quinto aƱo se acerca con una lista de canciones para que escuche en YouTube.
Otra. Alumnx de quinto aƱo reflexiona sobre el lenguaje en MartĆn Fierro y sentencia: "o sea que hay una relación cultural con las palabras, ideológica". En esa misma clase, realizando un comentario al respecto y pensando el libro con el que trabajamos la intertextualidad, en vez de decir la China Iron digo la China SuĆ”rez. Risas. Complicidades. Pensar tambiĆ©n porque estĆ” figura se cuela en los imaginarios. Pensar si es azarosa esta asociación. Pensar si hay asociaciones azarosas. Pensar juntos. Alrededor de un mismo fuego.
En gĆ©nero fantĆ”stico, hicimos mariposas de papeles de colores para pensar el cuento āMariposasā de Schweblin. Nombrar en las alas miedos y potencias. Descubrir que mĆ”s allĆ” de las singularidades son las mismas astillas. Los mismos dolores y alegrĆas. Compartir.
Realizar el ejercicio del Club del colapsoĀ (donde se identifican los malestares que pesan en el cotidiano) para identificar quĆ© situaciones nos daƱan. Preguntar si agregarĆan alguna categorĆa y que el papĆ” de Galleta (la perrita que tiene un alumnx y cariƱosamente lo llamo de este modo) levante la mano y me indique que falta en las categorĆas la soledad. Que otro de ese mismo curso me diga que falta presión escolar. Luego, indicarles que pueden desarrollar o no lo que quieran. Lo importante es identificarlo. Que lo identifiquen.
Pensar quĆ© necesario es que la consigna despierte la grupalidad: no sólo la habilidad, no sólo el contenido. Es necesario construir formas colaborativas del saber. DetrĆ”s de esas formas estĆ” lo social. DetrĆ”s de esas formas estĆ” lo importante. Activar los relatos de la red, cohabitar1 el bosque. Relatos donde el narrador sea un nosotros inclusivo. AndrĆ©s Montero en la novela "El aƱo que hablamos con el mar"Ā propone un narrador colectivo, un nosotros inclusivo. Pienso⦠¿QuĆ© pasarĆa si pudiĆ©ramos atravesar esta operación literaria a las aulas? Enuncia el narrador que es toda la voz del pueblo: ā(ā¦) sentir que nuestra pena, aunque no deja de existir, tiene al menos un sitio donde rimarā. Por quĆ© no tambiĆ©n nuestras alegrĆas. Las redes compartidas que nos cimientan.
Narrar lo que nos transforma: narrar(nos) lo colectivo
Esta ademĆ”s de ser una postura estĆ©tica es una postura polĆtica. Y la Literatura no estĆ” por fuera de la vida. Es necesario que el narrador de las aulas tambiĆ©n sea un narrador colectivo que se ocupe de los temblores, de los resabios, de las inquietudes. Que piense en conjunto las incomodidades de un sistema que deja de lado enunciados que forman parte de nuestras identidades en movimiento. Un narrador colectivo que considere bordes, umbrales y demasĆas.
Pensar es un ejercicio en red. Una prĆ”ctica colectiva. En Literatura se denomina intertextualidad al diĆ”logo que se produce entre dos o mĆ”s lenguajes artĆsticos. Pensar no es enunciado, es un acto, un acto dialógico (tomando a BajtĆn) en el que participan distintos modos y formas toda la sociedad y que dialoga con la experiencia, las huellas, las afectaciones y las heridas de nuestras impresiones del mundo.
Los cursos tienen una "identidad" que no es permanente y tienen variaciones segĆŗn cómo sea el vĆnculo con su docente. Son mĆ”s tranquilos. MĆ”s quilomberos. MĆ”s hostiles. Son divinos. Ninguna identidad es homogĆ©nea, todas tienen texturas con porosidades y fugas. Todas son dinĆ”micas. Tiemblan. OjalĆ” pudiĆ©ramos tomar ese estremecimiento como parte de nuestro trabajo. De nuestro oficio.
Es curiosa la etimologĆa de la palabra consigna (con / seƱales). SeƱales para pensar quĆ© cosas. ĀæQuĆ© seƱales les dejamos a los alumnos y para quĆ©? ĀæCómo interpretamos las seƱales nosotros mismos? ĀæSabemos -acaso- por quĆ© caminos los estamos escoltando?
Sondear el repertorio de consignas que venimos utilizando y problematizarlo, monitorear lo estĆ”tico de ese conjunto de ideas que se aborda como una colección estĆ”tica, inmutable, fija y empezar a pensarla como una colección dinĆ”mica, en permanente movimiento, que se alimenta e interpreta los cambios de su contexto. Abrir la posibilidad de descentrar miradas ya preformateadas en el aula, hacia la bĆŗsqueda de una mirada pedagógica hĆ”ptica podrĆa ser un indicio adecuado en tiempos de incertidumbre.
1Ā Vinciane Despret considera: Ā«Digo habitar, pero deberĆa decir cohabitar, pues no hay ninguna manera de habitar que no sea en principio y ante todo cohabitarĀ».
BibliografĆa
Andruetto, M. T., & Lardone, L. (2011). La construcción del taller de escritura. Editorial Comunicarte.
BajtĆn, M. (1982). EstĆ©tica de la creación verbal. Siglo XXI Editores.
Borges, J. L. (s.f.). Reflexiones sobre el tiempo. Recuperado de https://www.poeticous.com/borges/el-tiempo-de-borges
Haraway, D. (1991). Simians, cyborgs, and women: The reinvention of nature. Routledge.
Kruk, M. (2025). Señales para explorar las juventudes en el aula: indicios para una narrativa colectiva [Ensayo inédito].
Le Guin, U. K. (1972). El nombre del mundo es bosque. Editorial Minotauro.
Montero, A. (2024). El aƱo que hablamos con el mar. La Pollera Ediciones.
Percia, M. (2009). DemasĆas, locuras, normalidades. Editorial La Cebra.
Schweblin, S. (2009). PƔjaros en la boca. Editorial PƔginas de Espuma.
