• Revista Adynata

Y aún así seguimos… / Fernando Ceballos

¿Qué ha cambiado en esta pandemia para nosotros?

Seguimos siendo los últimos, los que apagamos la luz.

Seguimos siendo los primeros que al otro día la volvemos a prender.

Seguimos siendo los que nos quedamos siempre.

Seguimos poniendo el cuerpo como siempre.

Seguimos ninguneados en los reclamos como siempre.

Seguimos con los mismos miserables salarios de siempre.

Seguimos haciéndonos cargo de muchas cosas, porque los que se tienen que hacer cargo no lo hacen.

Seguimos siendo sometidos por jefes sumisos con los poderosos y autoritarios con los débiles.

Seguimos soportando a los mismos entregadores de siempre.

Seguimos silenciados por nosotros mismos como siempre.

Seguimos reclamando en soledad.

Seguimos sin poder juntarnos.

Seguimos empantanados en el resentimiento, el odio, la envidia, la humillación, la avaricia.

Seguimos sin poder demostrar la potencia que tenemos.

Seguimos atorados en el pensamiento y en la palabra.

Seguimos sin demostrar nuestro verdadero poder político.

Seguimos ahogados en la tristeza de creer que no podemos.

Seguimos esclavizados en la impotencia.

Seguimos sin poder dejar de padecer las decisiones de otros.

Seguimos sometidos a nuestras creencias aprendidas de no poder.

Seguimos quedando expuestos a las miradas, porque somos los únicos que estamos en la mira del panóptico.

Seguimos sin poder ser más de los que otros quieren que seamos.

Seguimos encerrados en la descalificación de aquel que plantea algo diferente.

Seguimos cristalizados en la estigmatización del insurgente que propone corrernos del confort que engañosamente el poder nos da como dádivas.

Seguimos con la zanahoria del carguito que nunca llega.

Seguimos aceptando espacios de poder que someten al otro.

Seguimos estampillados en las avaras decisiones del jefe, que nos da a cuenta gotas un seudopoder que nos hunde más en el limbo del salvarse uno.

Seguimos en ese devenir intolerable y entristecido de hacer siempre lo mismo.

Seguimos desandando los mismos pasos, en los laberintos polvorientos del imposible, del impoder.

Seguimos sin poder encontrar la salida.

Seguimos también sin entender que la entrada no es una sola, lo mismo que la salida.

Seguimos sin entender que hay atajos, picadas, senderos, pasajes, montoneras, escaramuzas.

Seguimos sin poder pararnos un momento y ver a donde vamos, o adonde nos llevan.

Seguimos apenas sosteniéndonos impávidos e inertes, algunos poquísimos salvándose solos. Otros muchísimos sucumbiendo en las honduras de la incertidumbre.

Seguimos siendo masa fácilmente dominable.

Seguimos sin poder ser multitud de afectaciones recíprocas.

Seguimos sin poder gestar nuevos posibles.

Y aun así seguimos…




Troika, Vasily Perov. Oléo sobre tela (1866) Galería Tretyakov, Moscú.

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