• Revista Adynata

Zaratustreanas IX De medidas y demonios / Fernando Stivala

Actualizado: 3 oct

La muerte de Dios


este yo que quiere, crea y valora, y que es la medida y el valor de todas las cosas. *

Valorar no del reconocimiento. Crear valores.

Valorar, de hacer valores. De inventar medidas no hegemónicas.

Crear espacio y tiempo. Si el tiempo está tomado por el cronómetro, se trata de inventar medidas en el tiempo no cronometradas.

¿Cuáles son las medidas ya organizadas por el límite exterior?

¿Qué tipo de medidas podemos inventar?

En todos los puntos donde ese Dios trascendente pone límites, lo diabólico lo salta o atraviesa. Deleuze.

En todos los puntos donde los dioses ponen intervalos actúa el demonio.

Actúan los intervalos, saltan las fronteras.

Todo lo que el juicio de Dios teme.

Este Dios trascendente tiene afinidad con la ley, con el límite, con lo que se puede y lo que no, con lo prohibido, pero de manera exterior.

Se impone una moral exterior. Esa mayoría, los catedráticos de la virtud.

Devenir demoníaco


Pensamos lo diabólico en cambio como la capacidad de pasar por encima de esa finalidad, de ese objetivo, de eso que dice la ley; buscando otra finalidad.

Una finalidad de llevar los poderes (lo que podemos) hasta lo que den sin que haya un límite exterior real.

Exigencia de expresar lo que puede la cosa.

Una exigencia tranquila, no exhausta ni ambiciosa.

Dos posibles medidas.

Una medida que viene de una estructura o legalidad que nos indica hasta donde llegar. Se la puede llamar principio, imagen de Dios, trascendencia.

Otra medida que tiene que ver con saltearse toda ley, todo límite exterior impuesto, y hacer la experiencia de cuánto se puede.

Se la puede llamar devenir demoníaco.

Aprovechar el conjunto de saltos e intervalos para esquivar la ley, el límite exterior y hacer la prueba de hasta dónde llega la potencia.

Prueba de la intensividad, prueba spinosista de lo que puede un cuerpo.

No quedarnos sometidos a un modelo o a la censura.

Nos interesa un dios movimiento, de múltiples almas mortales.

Voluntad de poderes


Y este ser sincerísimo, el yo –habla del cuerpo, y todavía quiere el cuerpo, aun cuando poetice, fantasee o revolotee con alas rotas.*

El cuerpo despierta un yo que quiere, crea y valora.

Un hacer valores, inventar medidas y relaciones, economías, soledades, mudanzas, rituales, viajes, ceremonias, pinturas, trabajos, clínicas, juegos.

Un yo sincero con el más acá.

Un yo inmanente que le haga honores al cuerpo y a la tierra.

para ellos el cuerpo es una cosa enfermiza, y con gusto se librarían de su propia piel. Por eso escuchan a los predicadores de la muerte, y ellos mismos predican trasmundos.*

La cosa en no está en otro lado, es el cuerpo.

Pero los trasmundanos, le temen al cuerpo y con gusto se librarían de él.

Predican más allá de la física, del cuerpo.

Es mejor, hermanas mías, que oigan la voz del cuerpo sano: la suya es una voz más sincera y pura. *

Sigamos la voz del cuerpo. El cuerpo como paquete de potencias, o poderes.

El cuerpo sin órganos. Artaud. Guattari. Deleuze.

Los cuerpos son lo contrario a un organismo; son el lugar donde está la sensación, la mutación, y la posibilidad de entrar en relación con fuerzas diferentes. El cuerpo también puede ser un espacio de creación y no una mera victimización opaca.

El cuerpo en tanto que no es un organismo.

Con más sinceridad y pureza habla el cuerpo sano, el cuerpo perfecto y cuadrado: y habla del sentido de la tierra. *

Sinceridad y pureza de la voluntad de querer, de la voluntad de poder verbo, de la voluntad de pulsión.

Cuerpo. Tierra. Naturaleza. Física.

En vez de metafísicos.

Un más acá.

*Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (Primera parte ´De los trasmundanos´)



Carlos Arroyo - S/T. - Maqueta de realización - 2008-2012 - Impresión 3D

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.