• Revista Adynata

Acompañar al cante / Hernán Pasicel

A propósito del texto “Otra vuelta” de Daniel Rubinsztejn, recordé que lo que más valoran los músicos flamencos en un guitarrista es su capacidad para acompañar al cante. Para Tomatito (quien acompañó a Camarón después de Paco de Lucía) es tocando para un cantaor que se ve de qué está hecho un guitarrista flamenco. El cante tiene una estructura, pero siempre tiene algo de contingencia, el cantaor se deja llevar e improvisa en el momento. El guitarrista tiene que estar muy atento, casi adivinando, como para tocar en simultáneo con el cantaor algo que no está preparado y hacerlo de tal forma que resalte el cante y no la guitarra.


Pero, ¿el cantaor a quien el tocador acompaña es dueño de su voz? ¿Es un individuo que canta impulsado por su propia voluntad?


En la película Vengo (2000) de Tony Gatlif hay una escena en que tres gitanos paran en la ruta y uno de ellos se dirige a un árbol:


— ¿Qué pasa? — Le preguntan al gitano que se acerca al árbol.


— Escucha…—


Se acercan, se dejan tocar por el viento y las hojas.


— Este árbol parece que tiene duende, canta por seguiriyas —


Hacen silencio y uno de ellos comienza a cantar, los demás lo siguen haciendo palmas.


Una voz áfona, la del duende, esa alteridad radical que habita en el árbol y que interpela a los gitanos, encuentra en el cantaor un médium para sonorizarse.


Entonces, con su acto, el que acompaña, activamente se borra para que se escuche la voz que el cantaor canaliza.


Los guitarristas flamencos asumen que acompañar es la tarea más difícil para un tocador.


Guitarrista J. O. Nordfeldt 1919-1925 Impresión

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.