top of page

Caligrafía Nómade XXXII/ Patricia Mercado

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • 2 oct
  • 3 Min. de lectura

Sentado a la mesa, al lado de la ventana, revolvía el café con parsimonia.

El mozo le dijo algo. Apenas contestó con una especie de mueca.

Era joven aún, pero sus ojos tenían un cansancio viejo.

El pelo alborotado le caía sobre la frente. De a ratos miraba por la ventana. Miraba sin ganas, tan cansados los ojos.

Del otro lado del vidrio el brillo de los autos lo arrastraban hasta la esquina. De derecha a izquierda, de izquierda a derecha, y así.

Afectada de un extraño tropismo, su cabeza apenas giraba.


Un rato más y llega Flor, pensó, como quien reconoce las señas de un camino transitado desde hace mucho.

Cuando la presentaba a los compañeros del trabajo, o a algún amigo, se enredaba: mi novia, mi mujer, mi... Siempre en tono titubeante. Los otros sonreían un poco incómodos.


¿Qué hacía Flor en su vida? Hijos ya no iban a tener, lo habían conversado con pocas palabras el verano anterior cuando volvieron de esos días en la playa.

No tenía sentido.

Ella tenía pendiente el doctorado y a él le daba lo mismo.


Una piba inteligente, Flor.


Se habían conocido en un cumpleaños del que había dudado ir. Era en la Capital. Un sábado frío y lluvioso de invierno de esos en los que la computadora promete más que el andén desolado del Ferrocarril Sarmiento. Ahí donde tendría que esquivar el olor a orina, perdería dos o tres cigarrillos en el mangazo y, sobre todo, donde podía quedar varado un tiempo indefinido si se encendía la voz metálica del tipo del parlante que anuncia la demora del servicio.

Pero fue. Y se enganchó con Flor.

Idas y vueltas, hasta el departamento. En la Capital estaba desde hacía varios años. El almanaque hizo lo suyo y una semana después de los cuarenta de ella, hablaron de los hijos y quedó decidido sin grandilocuencias.


A veces, eso sí, tenía que espantar un pensamiento que se le posaba cual una mosca molesta. ¿Quién lo cuidaría cuando fuera viejo?

Aunque enseguida venía la consabida constatación, ¿Y yo? Hace meses que no voy a ver a la vieja. Raudo, se ocupaba de la cena ,o de decirle algo a Rodriguez en el escritorio de al lado, para espantar la idea monocorde.


¿Qué hacía Flor en su vida? Solo, no hubiera podido comprar el departamento. Seguro que no. El banco había dado el crédito a ella. Con el recibo de la imprenta sólo le hubiera alcanzado para una moto o un auto usado.

El departamento era chico. Chico, pero lindo. Estaba bien para ellos dos. Total, hijos no iban a tener. Un poco apretados entre las paredes blancas, eso sí. Estaba demasiado acostumbrado a vivir en una casa con terreno.

La cama no pudo ser la Queen Size que pretendía regalarles su suegra. Midió docenas de veces y no. No hubo caso. No sobraba ni un centímetro.


Pero la familia entendió y aceptaron cambiar el regalo por la heladera con frezzer que pusieron en el living comedor. Una barbaridad lo bien que enfriaba la heladera. De lunes a viernes, por las noches, las latas de cerveza lucían gélidas en la mesita frente al sillón antes del partido que veía rigurosamente a solas, o de la serie, eso sí, compartida.


Los fines de semana se aburría un poco porque en el departamento no hay pasto que cortar ni limonero que defender de las hormigas.

Pero iban con Flor por ahí a comer una pizza. O alguien llamaba.


El mozo volvió a ofrecerle algo más.

Dijo que no con la cabeza sin sacar los ojos cansados del vidrio de la ventana.

En un rato llegaría Flor y se irían al departamento.


Cy Twombly Sin título, de On the Bowery, 1969-1971 Serigrafía a color sobre papel Schollers Parole 65 × 65 cm
Cy Twombly - Sin título, de On the Bowery, 1969-1971 - Serigrafía a color sobre papel Schollers Parole - 65 × 65 cm

Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

bottom of page