• Revista Adynata

Carta a Jacques Riviere / Antonin Artaud

6 de junio de 1924


Estimado señor:


Mi vida mental se halla íntegramente atravesada por mezquinas dudas y certidumbres perentorias que se expresan en palabras lúcidas y coherentes. Y mis debilidades tienen una contextura más temblorosa; hasta son larvarias y están mal formuladas. Poseen raíces vivas, raíces de angustia que tocan el corazón de la vida; pero no poseen el desconcierto de la vida, ni se siente en ellas el aliento cósmico de un alma conmovida en sus bases. Son de un espíritu que no debe de haber pensado en su debilidad; si no, la traduciría con palabras densas y diligentes. Tal es, señor, todo el problema: tener en uno la realidad inseparable y la claridad material de un sentimiento; tenerlo hasta el extremo de no poder dejar de expresarse. Tener una riqueza de palabras, de giros aprendidos y que podrían entrar en danza, servir para el juego, y que, en el momento en que el alma se apresta a organizar su riqueza, sus descubrimientos, esa revelación, en el inconsciente minuto en que el asunto está a punto de salir a luz, una voluntad superior y maligna ataca al alma como un vitriolo, ataca a la masa palabra-e-imagen, ataca a la masa del sentimiento, y me deja jadeando como a las puertas mismas de la vida.


Y ahora suponga usted que siento físicamente el paso de esa voluntad, que me sacude con una electricidad imprevista y súbita, con una repetida electricidad. Suponga que cada uno de mis instantes pensados sea en ciertos días sacudido por tales profundos tornados y que nada afuera traiciona. Y dígame si una obra literaria cualquiera es compatible con semejantes estados. ¿Qué cerebro lo resistiría? ¿Qué personalidad dejaría de disolverse en ella? Yo, si tan solo tuviera la necesaria fuerza, me daría a veces el lujo de someter con el pensamiento a la maceración de un dolor tan oprimente a cualquier espíritu renombrado, a cualquier viejo o joven escritor que produce y cuyo naciente pensamiento ya se erige en autoridad, para ver qué queda. No hay que apresurarse demasiado en juzgar a los hombres; hay que concederles crédito hasta lo absurdo, hasta la hez. Esas obras arriesgadas que suelen parecerle a usted el fruto de un espíritu que no se encuentra todavía en posesión de sí mismo, y que acaso nunca lo estará, quién sabe qué cerebro ocultan, qué poder de vida, qué fiebre pensante, que sólo las circunstancias han reducido. He hablado bastante de mí y de mis obras futuras; no pido más que sentir mi cerebro.



Fuente: Antonin Artaud. Textos 1923-1946. Ediciones Calden. Buenos Aires, 1976.


Christian Beneyton Antonin Artaud 1987 Afiche 50 x 70 cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.