top of page
  • Foto del escritorRevista Adynata

Confeccionar la defensa / Ionatan Boczkowski

Llega a la sesión contenta. “Me enfrenté al hombre que me da trabajo. Le dije que al precio que me paga la prenda no puedo seguir trabajando porque no me alcanza. Me dijo que iba a ver qué podía hacer, pero que estaba complicado. A la tarde me escribió para decirme que me iba a aumentar. ¡Me pude defender!”. El precio de la confección de cada prenda, que una vez terminada se vendería al valor de un tercio del salario mínimo actual, subió de una leche en caja a una caja y media. Santa abstinencia salva de participar del festejo o cuestionarlo. Detrás del semblante aparece el nudo en la garganta. ¿Cómo nos defendemos? ¿Qué dejamos en el campo de batalla? ¿Qué nos queda?

Las derivas llegan a una primera claraboya. Seminario de Foucault con el título “Defender la sociedad” (2014). Más allá de la espectacularidad de conceptos claves introducidos en esas lecciones, se trata de pensar cómo una época que se preguntaba por el deber de un soberano de garantizar la vida, dio lugar a una época en la que los cuerpos singulares debían asumir la responsabilidad de “defender la sociedad”. Disciplina y biopolítica por medio, la defensa se volvió una tarea permanente de vigilancia, sospecha y detección de la enfermedad siempre presente. Enfermedad más peligrosa cuanto más desapercibida. Foucault se pregunta en esas clases cómo los Estados modernos, obligados a ejercer positivamente el poder sobre la vida (“hacer vivir o dejar morir”) pudieron multiplicar masivamente masacres, cómo pudieron delegar a la población la tarea de denunciar a sus vecinos y enviarlos a una muerte segura. Una de las claves, piensa, radica en la noción de raza. La posibilidad de ubicar en las vísceras de la misma sociedad su peligro biológico, la razón de la degeneración de la vida. Circulación del germen entre los cuerpos, ahí estaba el terror.

Foucault comentó en varias ocasiones que nunca fue su objetivo “analizar los fenómenos de poder ni echar las bases de un análisis de ese tipo”, sino más bien “producir una historia de los diferentes modos de subjetivización del ser humano en nuestra cultura”. Continuando con esta propuesta, Guattari (2015) toma como objeto de análisis la publicidad de los productos de higiene. Dice: “Detrás de este asunto de lo limpio y lo sucio, se juegan ciertas relaciones entre el orden y el desorden, el bien y el mal, digamos toda una serie de categorías morales”. Describe el pasaje entre períodos en las publicidades de Francia: primero, “El Señor Limpio”, con personajes “bastante simpáticos, que van a llevarnos a plantear la cuestión de lo limpio y lo sucio”. Luego se llegó lentamente a afirmar “cosas mucho más duras, mucho más maniqueístas” como “cierto tipo de cuerpo, completamente purificado, ideal, cierto número de temas machistas, cierto temor al contacto”. Se llega luego a una tercera fase “cuasi paranoica, la de especies de monstruos horribles que están ahí para eliminar la suciedad”. Aparece esta vez la oposición “ya no entre Apolo y Dionisio, sino una oposición mucho más brutal, entre Eros y Tánatos. […] Algo que nos aproxima a una pulsión de muerte y a ciertos peligros que se puede calificar de microfascistas”. Se podría, quizás, continuar el análisis en el presente y pensar las figuras que asocian ahora “limpieza” con “felicidad” o “tranquilidad”. Podría agregarse ahora a la máxima biopolítica anterior: el terror a la circulación del germen… de la angustia.

Cabe insistir en ubicar al cuerpo como sede de las lógicas de gobierno. Si algo (importante diferencia entre “algo” y “alguien”) se defiende, si algo lucha, el cuerpo deviene botín, campo, instrumento, orden y saldo de batalla.


Segunda claraboya. Peter Pal Pélbart (2016):

“Lo que el cuerpo no aguanta más son precisamente el adiestramiento y la disciplina. Junto a esto, tampoco aguanta más el sistema de martirio y narcosis que el cristianismo primero, y la medicina luego, elaboraron para lidiar con el dolor, uno en la secuencia y tras el rastro del otro: culpabilización y patologización del sufrimiento, insensibilización y negación del cuerpo”.

Cuerpo en el que se inscribe la indolencia, que ensaya la indiferencia, pero que también vive la ambigüedad constante de estar entre. Límite frágil entre otros cuerpos-límites. Recuerda Foucault: el campo de disputa que produce el poder es el campo que, en la misma disputa, engendra resistencias. En este punto, Pal Pélbart se pregunta:

“¿Cómo podría un cuerpo protegerse de las heridas grandes y acoger así las heridas más sutiles, o como dice Nietzsche en Ecce Homo, hacer uso de la ‘autodefensa’ para mantener las ‘manos abiertas’? ¿Cómo hace para tener la fuerza de estar a la altura de su debilidad, en vez de permanecer en la debilidad de cultivar sólo la fuerza?”

Cuando oscila el adoctrinamiento de la crueldad, aparece la posibilidad de la composición. Fuga de la certeza que salva al cuerpo de quedar inerme. La demora que permite habitar una herida que sangra, al menos lo suficiente para mancharse (ese terror del que huían en las publicidades de limpieza).

Tercera claraboya. Judith Butler (2017):

“es que lo contrario a la precariedad no es la seguridad, sino más bien la lucha por un orden social y político igualitario en el que pueda darse una interdependencia entre las personas que sea asumible para la vida”.


¿Cómo, entonces, encontrar refugio en la lucha y no en la seguridad? ¿Cómo hacer aparecer en escena que no hay “cuerpo” si no está inserto siempre en la serie de cuerpos? Máquina de conjunción de Deleuze-Guattari (2013): “Y… Y… Y…”. En esa conjunción, una común debilidad de no saber, de no poder con eso que el capital llama “LA vida”. No porque con otras vidas sí se sepa o se pueda, sino porque ésta vida exige morir para defenderse, y en ésta vida hasta la muerte debe devenir un lugar solitario, vergonzoso, oculto. El corte y confección de un cuerpo solitario, individualizado. ¿Cómo recuperar el dolor de la sutura?

Vuelve entonces el naufragio, por el lugar en el que comenzó: el trabajo de confección. “¡Me pude defender!”. Sin celebrar ni cuestionar. Una demora para escribir. Tomar entre los dos cuerpos (¿sólo dos?) la aguja y el hilo para continuar cosiendo otro día.


Bibliografía

Butler, J. (2017). Cuerpos aliados y lucha política. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós.

Deleuze, G., & Guattari, F. (2013). El Anti Edipo. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós.

Foucault, M. (1975). Defender la sociedad. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Guattari, F. (2015). La Publicidad. En ¿Qué es la ecosofía? Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Cactus.

Pál Pelbart, P. (2016). Filosofía de la deserción: nihilismo, locura y comunidad. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Tinta Limón.



Tony Cragg, Mountain Nature (Montaña natural) 1984 Ensamblaje Aglomerado, PVC y cera


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

bottom of page