Cosa seria es el jugar / Anabela Rodríguez Nunes
- Revista Adynata

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Se dice que estamos en octubre, que apartamos con el pie las flores que caen.
Se dice que caminamos cogiendo de la mano a Véronique Legrand.
Se dice que somos el opoponax.
Monique Wittig
Dice Agamben que la felicidad no se encuentra en la acumulación, sino en la capacidad de reinventar el mundo a través del lenguaje y la imaginación, una facultad que es el verdadero reino de la infancia. Desde luego estamos necesitades de nuevos lenguajes e imaginarios políticos en estos tiempos de penuria, fascismo, colonialismo sionista, imperialismo. Las cosas se presentan hechas de una vez por todas, como cerradas y clausuradas, las estructuras de poder intentan entristecer con todas sus armas, metafóricas y literales.
Esta necesidad de erguir imaginarios políticos del deseo y la posibilidad frente a un presente inadmisible nos lleva a levantar la infancia como un fusil en la lucha armada por el porvenir-hoy.
Entendemos la infancia no como un espacio de nostalgia desde el que contemplar una pureza perdida, sino como una potencia política creadora, el acontecer del acontecimiento, una fuerza plástica que traza mapas de lo que aún no existe. Apelamos por tanto a todas las potencias de les niñes, a lo infantil como operador de sentido, una forma de estar, hacer y maquinar sobre lo que existe.
La infancia funciona como una política otra por ser una forma de experiencia y percepción que conserva la capacidad de cuestionar y renovar la comprensión del mundo, es una potencia que reta a la estructura misma del capital, porque no produce según sus lógicas. Porque pierde el tiempo. Porque es indisciplinada. Porque juega. Porque desvía los objetos de su función útil y los entrega a otros usos. Porque balbucea. Porque no habla correctamente la lengua del poder. No se trata por tanto de representar les niñes sino de operar como elles, devenir niñe une misme. Les niñes habitan un mundo todavía mutable, donde las categorías no han terminado de endurecerse. Esa percepción infantil no representa un estado prepolítico: es ya una lucha contra la captura. Por eso devenir-niñe no significa regresar a la niñez, sino entrar en un proceso revolucionario de desidentificación.
Devenir-niñe: una intensidad, un proceso revolucionario donde se deja de repetir lo conocido y se arriesga a una apertura, una nueva composición. Devenir-niñe: un operador de sentido, no una representación. Devenir-niñe: mantener abierta la potencia de lo inacabado frente a todas las formas de gobierno que quieren fijarnos de una vez por todas y para siempre. Devenir-niñe: encarnar una relación distinta con lo posible, abrir nuevas formas, engendrar comunidades otras.
Lo que aquí tenéis es, por lo tanto, un juego. Aquí escribimos y hacemos desde ese gesto lúdico como modelo para una política utópica material concreta discontinuista otra que busca desactivar los mecanismos de poder que capturan la vida y la experiencia. Como dice el pequeño Bergamín “Si le niñe juega porque es niñe o es niñe porque juega. Pensar es, para le niñe, jugar: poner en juego, graciosamente, las imágenes de su pensamiento. Poner, que es lo que hacen les niñes, todas las cosas en juego”.
(Anabela Rodríguez Nunes, 2026)




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