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Cuando el olvido se impone: la potencia de lo inevitable. Afectaciones a partir del libro La naturaleza del olvido de Tomás Pal / Ana Laura García

hace 15 horas
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Actualizado: hace 47 minutos

¿Y si educar consistiera también en permitirnos olvidar? La historia política argentina ligó el olvido a la impunidad, por eso transmitimos para construir memoria y en ocasiones evitamos mirar el olvido hasta que se impone en una biografía inevitable. Frente a este imperativo ético de la memoria en la transmisión, sostengo que la obra La naturaleza del olvido de Tomás Pal nos permite repolitizar el olvido y transformar una falla individual y humillante en una potencia clínica y pedagógica contra el resentimiento y la culpa que nos paralizan.


Después de escudriñar recuerdos y memorias de infancia en mis propios “Me acuerdo” (Diario de una educadora, 2025) convocada por el gesto de los libros homónimos de Joe Brainard (1970) y de Martin Kohan (2020), comencé a inventariar mis propios olvidos: ausencias que merecen su memoria, aunque generen culpa o vergüenza. Esta inquietud me llevó al último libro de Tomás Pal: La naturaleza del olvido. En la obra, Pal cohabita y dialoga desde tres posiciones diferentes: escritor, psicoanalista y analizante. El relato comienza con un olvido clínico: el nombre completo de un paciente del hospital. Una escena tan frecuente como bochornosa entre los profesionales del trabajo con otros. Más a menudo de lo que quisiéramos y sin previo aviso, los nombres de los estudiantes, las anécdotas personales, los autores o citas que solíamos recordar, se pierden para no volver. Ese borramiento de lo singular, redescubierto por el autor al escribir, desencadena algunas preguntas existenciales: ¿Cómo olvido y cuándo? En palabras del autor: “¿Y yo qué soy? (no quién soy) ¿Arena o desecho? ¿Cómo separarse de uno mismo?” ¿Qué pasa si los analistas no logran hacer reserva del dolor ajeno?


El libro explora una relación posible entre memoria (del olvido) y trauma. Resulta sencillo identificarse con Pal, cuando conecta la clínica con un problema de autorización, que atraviesa a toda una generación, y no solo a los psicoanalistas jóvenes. El olvido es lo que somos y, al mismo tiempo, es lo que pone en cuestión nuestra existencia y la de los demás. Por eso, esta obra de Pal oficia como una compañía. Porque al escribir junto al olvido –no antes, ni después, no sobre sino con- desde una posición cercana que habilita, ofrece una vía para sopesar el miedo y el desconcierto que causa olvidar y nos autoriza a hacerlo.


Al pensar el psicoanálisis como una “práctica de la incomprensión” el autor asume una posición frágil que no da la espalda al fracaso y sabe reír. Esa complicidad que genera su escritura, ayuda a desdramatizar las vivencias del pasado y a conectar, como diría Nietzsche, con las potencias liberadoras del olvido. Porque el olvido no es una falla o un problema concerniente a una etapa de la vida, sino una fuerza activa e indispensable para la vida, sin la cual no habría presente, no podríamos crear o diferir, nos ahogaríamos en la culpa, en el resentimiento o en las fuerzas reactivas.


Si la mirada de Occidente ha sido la condena del olvido porque su construcción política se basó en la culpa, la deuda y la ciudadanía de baja intensidad, repolitizar el olvido requiere –siguiendo a Nietzsche- una transvaloración de los valores aprendidos. Pienso que esto implica que podamos reconceptualizar el olvido como un lugar estratégico desde el cual elaborar las posiciones aprendidas de eternos deudores, víctimas o padecientes crónicos de nuestro presente.


Por eso, considero que el principal hallazgo de la obra de Pal radica en su enfoque autoetnográfico: una apuesta que es metodológica y política a la vez. En esta práctica investigativa, el autor se autoriza -desde una legitimidad ética y política- a narrar su propia vida y a conectar sus preocupaciones intelectuales con su experiencia en el mundo y con las cosas que le importan. Pal no se separa de sí mismo al escribir, se vuelve reserva de su propio dolor (y no depósito), hace acopio de sus dudas y revisita las “verdades” del psicoanálisis con una curiosidad inusitada. Su libro es un ensamble de notas, confesiones, recuerdos, citas y fragmentos de sesiones que dialogan en el mismo nivel de importancia. Son “apuntes” que logran transmitir la frescura y el tono de un analista cuando trabaja.


La naturaleza del olvido es un libro encarnado que llama a tomar la voz y a desculpabilizarnos colectivamente. En esa fuga que traza para sí, que va desde el Hospital psiquiátrico hasta la orilla de Las Gaviotas, nos hace huir en un movimiento en el que todo se escapa, todo está vivo y todo es olvido. Como escribió Borges (1960): “Así mi vida es una fuga, y todo lo pierdo, y todo es del olvido o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.” La escritura de Pal es arena, es naturaleza, pero no es desperdicio. Como él expresa: “Ya sé qué hacer con el terreno. Matierralismo. Ya sé cómo separar los desechos, voy a construir un tamiz” (Pal, 2025, p. 93). Aprendió a trabajar la tierra, como la escritura, a partir de restos de pequeñas micro rupturas y sucesos cotidianos. Ese ecosistema vivo en el cual el saber no se desliga de la experiencia, nos invita a ensayar clínicas de otros mundos posibles. Y educar también es preparar el terreno, hurgar una verdad entre los escombros, hacer lugar al tiempo del quizá.



Bibliografía:

Borges, J. L. (1960). El hacedor. Emecé Editores.

Brainard, J. (1970). I Remember. Granary books.

García, A. L. (2025). Diario de una educadora. Fragmentos autobiográficos. Publiquemos.

Kohan, M. (2020). Me acuerdo. Editorial Godot.

Pal, T. (2025). La naturaleza del olvido. Apuntes sobre una experiencia psicoanalítica. Coloquio de perros.



Ana Laura García (2026) Fotografía.
Ana Laura García (2026) Fotografía.

Comentarios


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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