• Revista Adynata

De diálogos infinitos y conversaciones inconclusas / Verónica Scardamaglia

“Sin duda, el objetivo principal hoy no es descubrir, sino rechazar lo que somos. Nos es preciso imaginar y construir lo que podríamos ser para desembarazarnos de esta especie de doble coerción”

Michel Foucault


1.

Pareciera que con cada crisis vuelve el loop que se cristalizó hace algunos años en torno al enunciado “son lo mismo”. Muchas veces esto suele aparecer tanto en tono acusativo como interrogativo, especialmente cuando se produce la escalada, tantas veces inútil, de pretender discutir (con) el peronismo.

Quizás la trampa esté en caer en cierta ilusión de receptividad que queda rota cuando se tocan ciertas críticas, insalvables para algunxs, en torno a lo que podríamos nombrar tomando a Mbembe como necropolítica.

Situar la gubernamentalidad, ya sea en términos de biopolítica, farmacopolitica, somatopolítica o necropolitica implica animarse a pensar los efectos de los Estados y sus políticas públicas sobre la vida y la muerte, tanto en torno al covid y las vacunas pero también más allá de ello.


2.

Foucault se refiere a las técnicas de gobierno en términos de gubernamentalidad o artes de gobierno en tanto “al conjunto de prácticas a través de las cuales se pueden constituir, definir, organizar, instrumentalizar, las estrategias que los individuos en su libertad pueden establecer unos en relación a otros. Individuos libres que intentan controlar, determinar, delimitar la libertad de los otros, y para hacerlo disponen de ciertos instrumentos para gobernarlos.” Con este concepto Foucault definió el entrelazamiento estructural del gobierno de un Estado con las técnicas de gobierno de sí en las sociedades occidentales. En este sentido, podemos considerar que en el centro del problema de las técnicas de gobierno se sitúa la regulación de las relaciones mediante las cuales se constituyen las sujeciones. Asimismo, plantea pensar también las relaciones y tensiones entre los modos de gubernamentalidad y las prácticas de resistencia, los campos de saber y una hermenéutica de sí.

A partir de esto Foucault trabaja las tecnologías del yo entendidas en torno al análisis crítico de las técnicas de gobierno por las cuales se objetivan a los individuos. Gobierno caracterizado como punto de contacto entre la tecnología política de los individuos y las tecnologías de unx mismx, como menciona. Ambas tecnologías permiten regular las conductas, efectuar operaciones en los cuerpos y en los pensamientos, de modo tal que se transformen a sí mismxs, es decir, que se modifiquen como para alcanzar un cierto estado de perfección, felicidad y pureza, explica. Plantea que se considera a ese “yo” no en términos de sujeto sino como el interlocutor interior de ese sujeto: “uno mismo”.

En el curso de 1980 / 1981, Foucault se refiere a las tecnologías del yo también como “la reflexión acerca de los modos de vida, las elecciones de existencia, el modo de regular su conducta y de fijarse uno mismo fines y medios”. En este curso quedan consideradas como aquellas tecnologías que cada época histórica ofrece para resistir a las técnicas de gobierno, para plegar la fuerza. En este sentido, pensar la gubernamentalidad implica también una crítica a los adoctrinamientos partidarios, en el sentido de considerar que no alcanza con discutir las derechas, con discutir la grieta ni con situarse en el anti antiperonismo que levantó Rozitchner en otro tiempo.


3.

No estamos amenazadas de muerte ahora y sólo por el covid.

No faltan soluciones sólo bajo el nombre de vacunas. No asistimos sólo al negocio o la tramoya de las vacunas. Decir sólo esto implica decidir no decir muchas otras soluciones que también, y hace tiempo, se necesitan; ni decir muchos otros negocios y tramoyas que se vienen sosteniendo también hace años.

Creo que levantar algunas de estas discusiones entrampa porque se cree que solo se trata de derechas y de izquierdas o de peronismos y de izquierdas o de peronismos y antiperonismos.


4.

Sabemos que las derechas se nutren de la capacidad de cooptarlo todo. Cooptan argumentos, palabras, formas de manifestarse. Caceloras y performances de bolsas negras, han quedado cooptadas. El amarillo y el “si se puede”, han quedado cooptados. Las ideas de lo destituyente y la desobediencia, están buscando cooptarlas.

Se infiltran con sus formas en el movimiento obrero, los sindicatos, los feminismos, los anarquismos. En “La izquierda sin sujeto” León Rozitcher empujaba a pensar la piel buerguesa de las militancias de izquierda, Guattari situaba y discutía la piel de los microfascismos, no afuera, en la tribuna sino en los poros íntimos de los jugadores que juegan el juego. Simone Weil sitúa el desafío de nombrar lo que la fuerza asfixia. La Lemebel interpela, con sus cicatrices de risas en la espalda, la necesidad de un cielo rojo en el que vuelen todes les que tenemos alitas rotas. Rotas por diferir de lo mayoritario que instauran y perpetúan géneros, razas, clases y también ideologías.

Dice Foucault “En cierto sentido, soy un moralista, incluso creo que uno de las cuestiones, uno de los significados de la existencia humana –la fuente de la libertad humana- es nunca aceptar nada como definitivo, intocable, obvio o inamovible. Ningún aspecto de la realidad podría ser permitido de transformarse en una ley definitiva e inhumana para nosotros (…) Poder es lo que sea que tiende a hacer inmóvil e intocable aquellas cosas que nos son ofrecidas como reales, como verdaderas, como buenas.”. Continúa diciendo “Esto no quiere decir que se debe vivir en una discontinuidad indefinida. Pero, lo que quiero decir es que se deben considerar todos los puntos de fijación, de inmovilización, como elementos en una táctica, en una estrategia – como parte del esfuerzo de volver las cosas a su movilidad original, su apertura a los cambios.”


5.

En el movimiento anarquista valen más las acciones que los pronunciamientos y las escrituras, por eso se hace presente la necesidad de escribir biografías y no sólo obras, si bien se sabe que esas acciones merecen y, muchas veces, nacen de pensamientos, pronunciamientos y escrituras. Quizás por eso se puedan encontrar expresiones, prácticas e ideas anarquistas en casi todos los acontecimientos revolucionarios y luchas de la historia de los distintos países del mundo, sin aspirar a adoctrinamientos, afiliaciones o construcción de cuadros. Dice Cristian Ferrer “Pero la historia de todo pueblo es la historia de sus posibilidades existenciales, y la reaparición esporádica de la cuestión del anarquismo –es decir, de la pregunta por el poder jerárquico– significa, quizá, que la posibilidad radical sigue abierta, y que a través de ella retorna lo reprimido en el orden de la política.

El anarquismo sería entonces una sustancia moral flotante que atrae intermitentemente a las energías refractarias de la población. Opera como un fenómeno escaso, como un eclipse, un atractor de las miradas que necesitan comprender la existencia del poder separado de la comunidad. Cabría decir que el anarquismo no existe: es una insistencia.”


6.

Podemos considerar que la habitualidad de confundir posteos con acciones lleva y alimenta diálogos infinitos que, las más de las veces, sostienen, alimentan y reproducen la agenda política y mediática gestionada por y para la necropolítica y destinada a asfixiar lo que difiere.

Sostener la incomodidad del diferir necesita de las afinidades, cercanías y distancias de lo amistoso que sabe ayudar a no ver enemigos donde no los hay. Sintonías y tramas que habilitan a ir más allá de discutir peronismo si, peronismo no; estado o mercado; izquierda o derecha. El desafío vital de animarse a ir más allá de esas coordenadas que parieron las palabras y las lógicas que nos parasitan, desafíos que asuman “la recreación poética de lo ficticio y lo imposible”[i] para inventar, desde ahí, otros posibles. Esos acerca de los que sólo podemos tartamudear -y tantas veces ni siquiera logramos hacerlo-. Esos sin prisiones, sin manicomios, sin policías. Esos que promuevan posibilidades de alianzas insólitas donde queden claras las defensas de lo vivo, en la forma que sea que ello asuma.

Quizás, para no caer en palabrerío de ruedas que giran en el barro, necesitemos situar coordenadas mínimas de las que partir (esas mismas coordenadas que no hace falta pronunciar cuando de amistades se trata). Quizás haga falta enunciar, cada vez, que la defensa de lo vivo implica discutir punitivismo, represión, megaminería, agronegocios, migraciones. Discutir cárceles, manicomios, escuelas, familias, pareja. Discutir propiedad privada, jerarquías, ideologías, géneros, razas, clases. Discutir lógica binaria, clasificatoria, atributiva. Entre tantas otras discusiones

Aunque no sólo se trata de discutir sino –y sobre todo- de estar ahí con quienes quedan atrapadxs por esas formas, con quienes quedan sometidxs por esas capturas, con quienes quedan reprimidxs por esas represiones.

Estar ahí, aunque sea en diálogo, aunque sea alguna vez, porque sino se corre el riesgo de caer, como decía Foucault en la indignidad de hablar por otrxs, de pretenderse la voz de los que no tiene voz y establecer discusiones vaya a saberse contra quién.

Y esas películas ya las vimos, demasiadas veces.


[i] Una de las definiciones posibles de la palabra adynata



Referencias bibliográficas


Ferrer, Cristian (2004) Cabezas de tormenta, colección Utopía libertaria, Buenos Aires, ediciones Anarre.

Foucault, Michel (1990) Tecnologías del yo, Buenos Aires, Piados Ibérica.

Morey Miguel (1990) Introducción a tecnologías del yo Buenos Aires, Piados Ibérica.

Foucault, Michel “El sujeto y el poder”,(1988) en Dreyfus, H. y Rabinow, P., Michel Foucault: Más allá del estructuralismo y la dialéctica, México, Universidad Autónoma de México, 1988.

Foucault, M: (1982) La ética del cuidado de uno mismo como práctica de la libertad. En: “Hermenéutica del sujeto”: Ed. Altamira.

Tania Bruguera Nombre: 10,148,451 Instalación Tate Gallery 2018-2019 Imágenes: ©Benedict Johnson

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