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De nada sirve / Patricia Mercado

  • Foto del escritor: Revista Adynata
    Revista Adynata
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

D O S S I E R H A S T Í O S


La canción era tan larga que nadie lograba cantarla completa en los fogones nocturnos de la playa en Villa Gesell, en esos primeros años de la década del 80.


Las voces comenzaban con ahínco y se extinguían a medida que se diluía la memoria de la extensa letra. Al final caían unos acordes desgarbados y, después, silencio.


¿Nos aburríamos?


De nada sirve (https://youtu.be/0VwWO0BxZVk?si=GccLDU4fda5SqBzj), una canción que Moris (Mauricio Birabent) improvisó en los estudios TNT, durante las sesiones de grabación de Los Gatos de su simple Madre escúchame, a finales de la década del 60, y quedó registrada en su primer disco (MLP 332) solista Treinta minutos de vida -producido por el legendario Jorge Álvarez en el pionero sello Mandioca- en 1970 donde se incluyó el tema. En la grabación se sumaría a la cinta original la percusión de Javier Martínez emulando el sonido del bombo con un palito sobre un trapo puesto sobre el parlante.


La canción se transformó en una especie de señal vial en un cruce de la historia: la dictadura de Onganía, el Cordobazo, las tensiones estéticas tras los pulsos de la disidencia.


Miguel Grimberg dice que la canción era hipnótica. ¿Será por eso que conservó un lugar como resabio-la resaca- mántrico en el fogón?


Acaso el aburrimiento se asemeje al café derramado sobre un manuscrito, al lento desdibujarse de los signos que esa humedad propicia, derrame que desdibuja las certezas donde encalla una escritura.

Una canción puede volver como una mancha sobre el presente, más que a enunciar, a borronear los limes discursivos, ¿hacerse contemporánea como dice Agamben?


De nada sirve

escaparse de uno mismo.


Así reza la plegaria de Moris, con una insistencia parecida a la fe. Recurrencia de siete minutos y cuarenta y cinco segundos. Escandir, explorar decires desde una trama rítmica, podría ser el gesto de volver a componer una escucha sobre lo que “está cantado” en una época, en sus archivos.


La trama rítmica de una canción podría permitirnos cortar, en los vericuetos de una escucha caprichosa, los coágulos de sentido para seguir el arrastre de los vientos de la historia.


De nada sirve

                     -escaparse- (¿de uno mismo?)


¿Podría el aburrimiento emerger como constatación del encierro?


Soy bastante inteligente

pero estoy muy aburrido

¿Qué es lo que pasa conmigo?

yo aún no me lo puedo explicar

por favor que alguien me lo diga

no puedo salir de mí, estoy muy encerrado

en mi prisión de carne y hueso

no puedo salir, no puedo salir


Constatación lacunar, mancha acuosa en que se borronean las sólidas figuras que las acciones del yo construyen. Quizás el aburrimiento funde una particular nocturnidad, ¿la del naufragio?


¿Qué pueden hacer?


Es muy tarde

son las tres de la mañana

los bares están cerrados

las mujeres duermen

los cines también están cerrados

la guitarra no se puede tocar

si no el vecino se va a despertar


Un tiempo caído, es muy tarde, que las manos de Cronos no pueden apresar. A veces de lacónica lentitud, a veces de vertiginosa desesperación.


¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?

Estoy solo y aburrido

¿Qué puedo hacer? ¿Qué es mi vida?

¿Qué es este mundo? ¿Qué soy yo?

Me voy a volver loco, no sé qué hacer

en ese momentito se dan cuenta

que todo es una estupidez


El aburrimiento parece quitarle al tiempo el impulso de su transcurso para diseminarlo como pura duración. Una duración sin antes y después, donde la acción se hunde, como si carecer de esos bordes figurativos, de esa estructura capaz de organizar secuencias, arrojara las existencias a una laxitud que borronea las rostridades en las que se sostiene.


Lo que se aburre: ¿Qué soy yo? Desmontaje de las corporalidades asidas a los mandatos de la máquina antropomórfica: las recitaciones del decálogo para hacerse humano


Han masticado chicles

han comido chocolates

han leído Radiolandia

han llamado a sus amigos

han salido con mil mujeres

han grabado treinta mil discos

han sido famosos,

han firmado autógrafos

han comido hasta reventar

han fumado hasta acabar


Lo que se aburre subsiste, como resto


¿Y qué queda?

No queda, no queda

nada queda, nada queda, nada queda


Huecos, nada queda, donde las fuerzas del capital ofrecen ilusiones de propiedad. Existir amarrado al locus propietario.


¿De qué le sirven las heladeras

y lavarropas, televisores

y coches nuevos y relaciones

y amistades y posiciones?


Agujeros que no pueden suturarse.


Si están podridos y aburridos

de este mundo que está podrido

No, de nada sirve


Lo que se aburre pulsa, incontinente-incontenible, desterritorialización de eso que llamamos proyecto en que vitalidades cautivas danzan las coreografías de los poderes hegemónicos. Línea de fuga de la autopista de la utilidad donde, antes o después, se estrellan las ansias de vivir. Lo que se aburre emerge como insistencia, ¿esa descomposición composta gérmenes de una inventiva? ¿impide una obediencia plegada sobre sí cual circulo perfecto? Desacato al régimen de eficacia donde los cuerpos cargan con los ideales de una época.


Lo que se aburre trae el error, un desperfecto en la funcionalidad de las maquinitas donde las vidas yacen capturadas. ¿Ese quiebre provisorio podría donar, a modo de pausa, una oportunidad?


Amigo, te doy un consejo

aunque yo consejos no doy

trata de hacer la prueba

de parar las maquinitas

las maquinitas que llevas dentro de ti

y fíjate qué es lo que pasa

cuando te agarra la soledad

y te agarra el hastío


Una advertencia: no hay sustancias o quehaceres salvadores. Todo hacer, aún eso que consideramos creativo, el arte por caso, termina deglutido por las lógicas del consumo.


No escuches discos de Bob Dylan

o de Los Beatles

o de los Rollings Stones


Suspensión que ofrece, ¿Un horizonte?


¿Qué puedo hacer? no hay nada que hacer


Tenés que vivir, tenés que sufrir

tenés que sentir, tenés que amar

te tenés que arriesgar

te tenés que jugar

no podés tener seguridad, no podés tener

ninguna propiedad,


Anhelo y sospecha que abriga el hastío: la vida pulsa y espera como posibilidad, ¿acaso plus ultra del feudo del sujeto?


Antes de morir yo quiero salir

ver las estrellas, el mar, me quiero ahogar

y quiero salir, quiero vivir, me quiero ir

por favor, de mí


La noche, el fuego, la ginebra, las voces, la guitarra, seguían rodando, canción tras canción: hilván de generaciones, sospechas y sueños tras las huellas de otro amanecer.




Bibliografía:

-Aguirre, Javier, Roveta, Mariana, Tijman, Alejandra, Correa, Martín. Diccionario rock argentino. Musimundo. Bs.As.2005

-Álvarez, Jorge. Memorias. Libros del Zorzal.Bs.As.2013.

-Bagú, Sergio. Tiempo, realidad social y conocimiento. SXXI. 3 ed.1975.

-Grinberg, Miguel. Cómo vino la mano, orígenes del rock argentino. Distal. 3ed. Bs.As.1993.

-Mercado, Patricia. Topología de la acción. Cuadernos de Campo Grupal número 8. Bs.As.2009.

La improvisación como experiencia de desafiliación. Rev Campo Grupal. Año 3. Número 19. Bs.As. 2000.

-Percia, Marcelo. Depresiones y hastíos. Revista Adynata. 2026


Graciela Carnevale - El encierro #11 - 1968 - Fotografía en blanco y negro - 21,5 × 31,5 cm
Graciela Carnevale - El encierro #11 - 1968 - Fotografía en blanco y negro - 21,5 × 31,5 cm


Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.

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