• Revista Adynata

Despedida para un después / Cynthia Eva Szewach



Oh si, era así, la vida de aquel niño había sido así,

la vida había sido así…

Albert Camus “El primer hombre”



Richard, como se sabe, fue un niño de diez años, que atendió Melanie Klein un breve tiempo, durante la Segunda Guerra. Tenía muchos temores, en especial a salir, a permanecer en la calle o a ir a la escuela. Sin duda, con suficientes razones para ese susto. Había bombardeos y el clima general era amenazante. El tratamiento con M. Klein, por ese mismo motivo no sucedía en su ciudad, ni en la de ella, sino en un sitio intermedio. Richard conocía variados detalles de la coyuntura, estaba interesado en el escenario bélico y se encontraba muy informado de los peligros. Quería saber. Recorría en el mapa los países invadidos y apesadumbrado, odiaba y sufría el dominio de Hitler en su acechanza genocida. Estaba invadida su infancia.


Las interpretaciones de Klein, plagadas de representaciones e imaginerías le daban con un tinte de “analogías ficcionales” y a través de fantasías sexuales extravagantes, un contenido diverso a sus preocupaciones, y que, aunque a veces le generaban otra ansiedad o nuevas persecuciones -la transferencia se mostraba muy establecida- le ofrecían por momentos un territorio infantil, quizá un restablecimiento de la niñez que lo alejaba de un mundo nada promisorio.


El tratamiento relatado, estaba plagado de controversias y complejidades para la práctica analítica en la niñez, cernida a la teorización kleiniana pero factible de hacernos encontrar resquicios para otras lecturas.


Por nuestra parte la idea es poner por ahora el acento en la última sesión.

La finalización ya había sido anunciada anticipadamente por la analista en algún momento del análisis.[i]


En el último encuentro Richard estaba triste y silencioso. Klein interpreta en ese momento que desea irse con ella a Londres; quizá luego volver con su mamá, y después, una vez más, irse con ella. Este sentido, cree leerlo, en lo que está expresando con un juego. Un jueguito con unas llaves, a las que estuvo moviendo durante toda la sesión.

Richard, sin embargo, va por su propio camino. Le pide algo a M.K. Le pide que ponga la mano sobre una hoja de papel. El niño dibuja el contorno de su mano y la de ella. El papel, se lo lleva con él. M.K le dice que es otra manera de mantenerla a ella, dentro de sí.


Richard se pone una vez más a jugar con el reloj: cierra tanto el marco que por poco se cae, pero dice que lo está sujetando todavía. Luego lo cierra del todo, lo vuelve a abrir rápidamente y dice: "Ahora ella está otra vez bien”. M.K. interpreta que teme que ella tenga un colapso y que necesite su apoyo para seguir en pie (si quiere venir a Londres donde ella se irá, es en parte para protegerla allí). Pero, está decidido a mantenerla viva, tanto interna como externamente. Si por un lado teme no tener éxito en esta empresa, que algo colapse, por el otro, tiene la esperanza de poder triunfar. Hacia el final de la hora, Richard se queda muy silencioso. Acota por su cuenta algo importante: ha decidido continuar el trabajo con M.Klein en algún momento del futuro.


Finalmente salen del consultorio y M.Klein. va con Richard hasta el pueblo, pero una vez allí, el niño se despide rápidamente de ella, diciéndole que prefiere que no lo vea subir al autobús. Se conmueven. Él quiere mantener viva la esperanza de volver a ver a M.K. y de poder continuar el análisis. Algo concluye, pero hay algo que no finaliza. En todo caso a lo interrumpido, el niño, lo convierte en lo que queda en suspenso.

En transferencia, imagina un después.



[i] Jorge Palant en “Notas sobre el final de (algunos) análisis en los niños” escribe que la interrupción le es comunicada en la sesión treinta y cinco, y que, a partir de allí se generan ansiedades, persecutorias y depresivas. Aunque se cuenta la mejoría de Richard, Klein plantea que se ve dificultada la finalización.



Cadáver exquisito de Yves Tanguy, Joan Miró, Max Morise, Man Ray (Emmanuel Radnitzky) - "Desnudo" - 1926-1927 - Composición dibujo con tinta, bolígrafo y lápices de colores sobre papel - 35.9 x 22.9cm

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.