• Revista Adynata

Habla del Capital, políticas del deseo / Leandro Andrada

Texto presentado para el espacio de Hablas del Capital en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.”



1- Capital: poder impersonal que gobierna las vidas


Marx, en sus Manuscritos de 1844 ensaya algunas definiciones sobre la noción de capital. Afirma que el capital “es propiedad privada”; luego lo define como “trabajo acumulado”, sin embargo, en su primer manuscrito, desliza que el capital es “poder de compra”. No se trata de una propiedad, de algo tangible, material, sino que es un poder. Inmediatamente amplia esta idea:


El capital es, pues, el poder de Gobierno sobre el trabajo y sus productos. El capitalista posee este poder no merced a sus propiedades personales o humanas, sino en tanto en cuanto es propietario del capital”[i].


Entonces, este poder de gobierno que representa el capital, no se posee en tanto atributo personal o individual, sino que quien lo ejerce puede hacerlo en función de su relación con el mismo. Luego agrega:


Veremos más tarde, primero, cómo el capitalista por medio del capital ejerce su poder de gobierno sobre el trabajo, y después el poder de gobierno del capital sobre el capitalista mismo”.


El Capital se figura como un poder que se ejerce sobre el trabajo, sobre las vidas que trabajan, y también, sobre aquellas vidas que mantienen una relación de privilegio respecto a él. La figura del “capitalista” sólo puede ejercer poder en tanto médium del capital al tiempo que aparece gobernado por el mismo.


Por último agrega que “la acumulación de capital” introduce la “división entre las dos clases de propietarios y obreros desposeídos”. Este poder que representa el Capital, configura un ordenamiento jerárquico de las vidas según la producción de identidades binarias (obrero, propietario; hombre, mujer; humano, animal, salvaje, civilizado). La naturaleza, afirma Marx, queda concebida a partir del capital, como medio de vida, materia prima “útil” para producir. El Capital se presenta como ficción que introduce en lo vivo la idea de lo “útil”, lo “productivo”, lo “eficaz”, erigiéndose como matriz semiótica que codifica la vida en términos de mercancía.


2- Capital, poder que se articula como “habla”


Como se mencionaba anteriormente, el capital se presenta como poder articulado en ficciones que producen identidades y clasifican lo vivo en relaciones jerárquicas. Estas clasificaciones y relaciones de poder están articuladas en el lenguaje. Roland Barthes, en la Lección inaugural en el Collège de France (1977), propone que el poder no se encuentra localizado en algún punto, no responde a una centralidad, sino que está “por doquier”: en opiniones, informaciones, espectáculos, relaciones familiares, amorosas, modas. Sin embargo, afirma Barthes, los poderes se inscriben en el lenguaje, y explica que “el lenguaje es una legislación, la lengua es su código”. La lengua, con sus estructuras gramaticales, impone las coordenadas a partir de las que va a tejerse el entramado significante, ficcional, narrativo de lo vivo. La vida sólo puede ser pensada y relatada mediante palabras, pero estas responden a leyes y normas que impone la gramática. Las relaciones de propiedad, las ficciones de género, la ficción de un sí mismo, sujeto que articula el relato de la experiencia viviente, están prescriptas en la lengua y “en los signos de los que está hecha[ii].


Sustantivos, pretendidas sustancias-sujetos de la oración; adjetivos que visten a la ficción sujeto de atributos; adjetivos posesivos que introducen entre esa figura sujeto y una supuesta otredad la idea de la pertenencia: su mano, mis ojos, tu amor; preposiciones, que nominan relaciones obligando modalidades prefijadas: se está sobre, con, bajo; artículos, que imponen el binarismo masculino-femenino: el, la. Algunas lenguas guardan la astucia del neutro lo.


La producción simbólica del cuerpo, ilusión necesaria para establecer una discontinuidad que haga la vida posible de ser relatada, y soportada, se va tejiendo sobre la distinción ficcional entre un adentro-afuera y un sí mismo-otro[iii]. Entonces, para que advenga la ilusión del cuerpo la palabra va trazando sobre lo viviente la diferenciación: esta es mi mano, distinta de la tuya; es mi rostro, distinto del suyo. Las relaciones de propiedad anidan en las estructuras gramaticales: el capital se hace cuerpo parasitando el lenguaje.


3- El Habla del Capital se presenta bajo la gramática del espectáculo


En 1967, Guy Debord publica La sociedad del espectáculo. En esa obra el autor reflexiona sobre el modo en que pantallas y tecnologías van organizado la vida y el estar en común bajo la forma del espectáculo. No sólo que en los medios masivos y en la industria cultural se fabrican y proponen los estereotipos y modelos identificatorios con los que van a construirse las identidades hegemónicas a medida de los requerimientos del Capital, sino que es en el modo en que el espectáculo se produce donde el autor esparce pistas para pensar la performatividad de la vida. Afirma Guy Debord que en el espectáculo “la mercancía se contempla a sí misma en un mundo que ella ha creado[iv]. La vida, en el espectáculo, se vuelve guion de una obra concluida, a la espera de que cuerpos dóciles pongan en acto sus escenas.


Agrega, además, que el consumo augura “la imagen de la unificación feliz de la sociedad” en la cual la conflictividad y la tensión queden suspendidas hasta la próxima propuesta del mercado. Se consumen estereotipos, objetos, cuerpos, amores, identidades, bajo la promesa de la ilusión de “felicidad”, de la clausura de la angustia, del aplanamiento de lo múltiple.


El Habla del Capital promete “Un mundo feliz”; simplificación de lo vivo en una única versión que elida lo que no se deja reducir al código de lo registrable y lo intercambiable. Afirma Debord, que cada producto está “destinado a representar la esperanza de un fulgurante atajo que permitirá llegar por fin a la tierra prometida del consumo total”.


El Habla del Capital propone una “tierra prometida”: la del consumo; ilusión en la que todo lo vivo pueda ser nominado, capturado en un perfil, e insertado en redes de valores e intercambios, listo para ser consumido.


Paul B. Preciado publica en 2010 una investigación sobre la revista Playboy titulada “Pornotopía”. Allí explica que lo que llamó su atención y encendió la idea de llevar a cabo dicha investigación fue encontrar la imagen de Hugh Hefner, dueño de la empresa, luciendo su bata de seda, en su lujosa mansión, atendido por tres mujeres vestidas de conejitas. Entonces elaboró la idea de que aquella mansión, con su inmensa arquitectura, no se trataba únicamente de una edificación, sino que se trataba de una arquitectura del deseo.


Paul B. Preciado (2010): “Playboy es la Mansión y sus fiestas, es la gruta tropical y el salón de juegos subterráneos desde el que los invitados pueden observar a las Bunnies bañándose desnudas en la piscina a través de un muro acristalado, es la cama redonda en la que Hefner juguetea con sus conejitas. Playboy es el ático de soltero, es el avión privado, es el club y sus habitaciones secretas, es el jardín transformado en zoológico, es el castillo secreto y el oasis urbano… Playboy iba a convertirse en la primera pornotopía de la era de la comunicación de masas[v]. Placer, erotismo, lujo, éxito, consumo, estereotipos de género, se hilvanan en entramados deseantes prescriptos por el Capital


El Habla del Capital, a través del espectáculo, realiza una producción arquitectónica del deseo. Fabrica sueños, ideales, estereotipos, roles; escribe guiones, produce escenas, a la espera de ser consumidas y puestas en acto.


4- El Habla del Capital se hace cuerpo[vi] a través de tecnologías


En “Manifiesto contrasexual” (2002), Paul B. Preciado realiza una lectura de las nociones de tecnologías y técnicas en la obra de Michel Foucault.


Explica Preciado: “Para Foucault, una técnica es un dispositivo complejo de poder y de saber que integra los instrumentos y los textos, los discursos y los regímenes del cuerpo, las leyes y las reglas para la maximización de la vida, los placeres del cuerpo y la regulación de los enunciados de verdad[vii].


Tecnologías y técnicas, podrían pensarse como entramados de discursos, enunciados, saberes, poderes, que introducen en lo vivo, patrones, normas. Las tecnologías no sólo son instrumentos, sino que prescriben modos en los que la vida “debe ser” performada. Son máquinas que imprimen patrones sobre los cuerpos, los clasifican, los perfilan, los producen a medida; gestionan los placeres, administran la vida.


Freud advierte en El malestar en la cultura (1931), que eso que llamamos humanidad, a través de las máquinas intenta superar las limitaciones del cuerpo orgánico hasta aproximarse a la realización de su ideal de omnipotencia: “El hombre se ha convertido en una suerte de dios-prótesis, por así decir, verdaderamente grandioso cuando se coloca todos sus órganos auxiliares; pero estos no se han integrado con él, y en ocasiones le dan todavía mucho trabajo”. Más adelante, en el mismo texto, agrega: “Épocas futuras traerán nuevos progresos, acaso de magnitud inimaginable, en éste ámbito de la cultura, y no harán sino aumentar la semejanza con un dios”[viii].


Si el Habla del Capital augura en el espectáculo una “tierra prometida del consumo total”, con sus máquinas ofrece “la semejanza con un dios”. En el paraíso del mercado se encuentra disponible el banquete de tecno-prótesis con la que los cuerpos pueden “ampliar sus funciones”, “superar sus limitaciones”, “maximizar sus rendimientos” y convertirse en mercancías eficaces y bien cotizadas[ix].


Marshall McLuhan (1967), escribe en “El medio es el masaje”: “La rueda es una prolongación del pie. El libro es una prolongación del ojo, la ropa una prolongación de la piel…el circuito eléctrico, una prolongación del sistema nervioso central”. Los cuerpos del Capital son cuerpos tecnificados.


Sin embargo, en “El malestar en la cultura” (1931), Freud desliza otra advertencia: “Ahora bien, en interés de nuestra indagación no debemos olvidar que el ser humano de nuestros días no se siente feliz en su semejanza con un dios”. Aunque el Capital prometa convertir las vidas en “divinidades protésicas” la ilusión de “felicidad” naufraga; lo vivo persiste inefable. Eso incapturable convoca desvíos, fugas, resistencias. Ello insiste.


Roland Barthes (1977) afirma que el lenguaje “no tiene exterior”, es un “a puertas cerradas”, sin embargo sostiene que se pueden pensar astucias, resistencias, hacerle trampas a la lengua: inventar nuevos modos de decir la vida.


Por otro lado, Paul B. Preciado, piensa que las tecnologías que producen vidas y cuerpos normativizados, hegemónicos, al servicio del Capital, pueden ser reapropiadas y utilizadas de manera disidente, propiciando fugas a los modos acostumbrados y posibilitando novedad. Encuentra en el arte y la literatura “contra-laboratorios” en los que desmontar los sentidos comunes a través de los que habla el Capital.


¿Cómo pensar nuevos modos de nombrar la vida? Pregunta arrojada sin afán de respuesta, como horizonte de lo por-venir.



Bibliografía

- BARTHES, R . (2003) “El placer del texto y lección inaugural”. Ed. Siglo XXI, Bs As, 2011.

- DEBORD, G. (2012) “La sociedad del espectáculo”. La Marca Editora, Bs As, 2012.

- FREUD, S. (2006): “Pulsiones y destinos de pulsión”. En Obras Completas. Volumen XIV. Amorrortu Editores. Buenos Aires.

- FREUD, S. (2006): “El malestar en la cultura”. En Obras Completas. Volumen XXI. Amorrortu Editores. Buenos Aires.

- MCLUHAN, M. (2015) “El medio es el masaje”. Trad. Elena Argueda. La Marca Editora. Buenos Aires, 2015.

- MARX, K. (1997) “Manuscritos: economía y filosofía”. Trad. Francisco Rubio Llorente. Altaya Editores. España, 1997.

- PERCIA, M. (2016) “Estancias en Común”. Ed. La Cebra. Buenos Aires, 2016.

- PRECIADO PAUL B. (2002) “Manifiesto contrasexual”. Ed. Opera Prima. Madrid, 2002.

- PRECIADO PAUL B. (2008) “Testo Yonqui: sexo, drogas y biopolítica”. Ed. Paidós. Buenos Aires, 2017.

- PRECIADO PAUL B. (2010) “Pornotopía: arquitectura y sexualidad en Playboy durante la Guerra Fría”. Ed. Anagrama. Barcelona, 2010.

- TIQQUN (2012) “Primeros materiales para una teoría de la jovencita: Hombres máquina; modo de empleo”. Ed. Hekht Libros. Buenos Aires, 2013.


[i] MARX, K. (1997) “Manuscritos: economía y filosofía”. Trad. Francisco Rubio Llorente. Altaya Editores. España, 1997. Pág. 72-73. [ii] BARTHES, R . (2003) “El placer del texto y lección inaugural”. Ed. Siglo XXI, Bs As, 2011. Pág. 94-96 [iii] Sobre la construcción del cuerpo y el yo como ficciones tejidas en la distinción ilusoria entre adentro-afuera, Freud hace un análisis en el texto “Pulsiones y destinos de pulsión” (1915). [iv] DEBORD, G. (2012) “La sociedad del espectáculo”. La Marca Editora, Bs As, 2012. P. 52-61. [v] Preciado, Paul B. (2010) “Pornotopía”. Ed. Anagrama. Barcelona, 2010. Pág. 15 [vi] Se conserva en este escrito la palabra “cuerpo” por ser un término abrazado por Foucault para pensar cómo tecnologías producen y gestionan lo vivo, aunque se advierte de los problemas que implica. Allí donde se lee cuerpos, podría sugerirse sensibilidades, como astucia para nombrar lo sensible evitando encierros que impone cuerpo: encierro en el universal masculino, en la ilusión de una unidad organizada jerárquicamente, dividida en funciones, subordinada a una cabeza. Arquitectura discursiva disciplinaria de lo sensible. [vii] Preciado, Paul B. (2002) “Manifiesto contrasexual”. Ed. Opera Prima. Madrid, 2002. Pág. 124. [viii]FREUD, S. (2006): “El malestar en la cultura”. En Obras Completas. Volumen XXI. Amorrortu Editores. Buenos Aires. Pág. 90-91. [ix] El artista Neil Harbisson, primer ciudadano en ser reconocido cyborg en su pasaporte, en una charla TED llamada “El renacimiento de nuestra especie”, en 2016, relata la intervención en su cuerpo insertándose una antena que le permite reconocer colores bajo patrones de sonido. Allí intenta seducir a la audiencia con la promesa de que “todos podemos escoger convertirnos en diseñadores de nuestra propia percepción”. Del “empresario de sí” al “diseñador de sí”. El Habla del Capital susurra fascinante, como canto de sirenas.


Jacobo Bugarín “El arte más que del frío" 2017 - 2018

Estructuras de madera, látex, fotografías, metal, mesas centrales de metacrilato, luz, acciones, proyecciones de video, audio, plastilina. Parte de una instalación.

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