Hastío(s) / Gabriela Etcheverry Catalogne
- Revista Adynata

- 10 mar
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D O S S I E R H A S T Í O S
El texto que se leerá a continuación fue gestado como el juego de la rayuela1; realiza saltos de un lugar a otro y reconoce en el acto de saltar su condición principal. Saltos que pretenden diversiones, en el sentido que plantea De Brasi: “divertirse es diversificarse” (1995, p. 92) manteniendo vivas algunas preguntas que proponen multiplicidades.
No es un trazado preestablecido sino que se va trazando mientras se salta, de manera de sostener un propósito inmanente, que produce y al producir se produce. Al decir de Spinoza (1980 [1677]), en lo inmanente la causa está en el efecto y el efecto en la causa.
La cursiva2 en se leerá no es ingenua, se sostiene en la idea de Barthes (1994) cuando dice que es el lector el espacio donde se inscribe una escritura; importa el destino del texto más que el origen.
Hastíos y aburrimientos [pasajes]
La infancia de la rayuela en Tacuarembó en el verano y el calor insoportable del día y la noche que se aguantaba con libros y libros y libros y cuando no habían más libros era la nada misma moverse lo mínimo para evitar transpirar y la cabeza embotada entre tanta letra y el sopor.
El diccionario ubica ambos vocablos como sinónimos. Sin embargo aparece una sospecha acerca de las posibles de-semejanzas. Mientras que el aburrimiento dice presente con una suerte de vacío y pesadez, el hastío convoca un estar lleno, empalago de imágenes y sensaciones y palabras.
Quizás se pueda considerar que entre ambos hay pasajes: entre el vacío y el lleno, entre el ofrecimiento de un espacio vacante y lo lleno que también puede ser proliferación.
Pasajes como permisos para ir de un lugar a otro, dando pasos que lleven a lugares sin desentenderse de lo que queda atrás.
Un espacio vacante convida a habitarlo; no necesariamente es un espacio desierto y si así lo fuera, de todos modos, hasta en el desierto hay trazas de vida. Asimismo lugares llenos no implican proliferaciones alegres. A veces están repletos de masas informes que no auguran nada bueno, pues mantienen homogeneidades sin fisuras.
Amador Fernández- Savater (2019) propone pensar, en una entrevista con Bifo, acerca de la idea de aburrirse como punto de partida para la creación. Nietzsche escribe “el aburrimiento es aquel desagradable «amainar del viento» que precede al viaje afortunado y a los vientos alegres” (2002 [1882], p. 57).
Se encuentra en Benjamin (2005) la referencia al aburrimiento como lo que permite la construcción de lo nuevo; un espacio que hace posible desviarse de las repeticiones y rutinas; “es un paño cálido y gris, forrado por dentro con la seda más ardiente y coloreada” (p. 131). Habla allí de la posibilidad de andar por el mundo prestando atención a lo mínimo, poniendo en cuestión el ideal productivista que en aquellos tiempos avanzaba sin pausa. Tal vez no previó vivir en un mundo donde el tiempo para la repetición y por tanto para aburrirse estuviera atacado permanentemente por imágenes y palabras que restringen la posibilidad del pensamiento y la creación, empujando hacia la eficiencia y la productividad desenfrenada.
Estos tiempos se nos presentan habitados por pasajes que también son paisajes, que a veces invitan a la conjunción: lleno y vacío, aburrimiento y hastío, posesiones y desposesiones, centros y márgenes. ¿Cómo hacer para construir entremedios y conjunciones micropolíticos que alivien los tormentos disfrazados de consumo?
Hastíos, repugnancias y hartazgos [inflexiones]
En el salón del grupo se escucha que está harta de la vida que lleva y que si sigue viniendo y gracias a Dios podrá resolver lo que le pasa. Que lo que le pasa es que le repugna sentir lo que siente y que eso la desespera y que no sabe cómo hacer, aunque si Dios quiere se le va a pasar.
La repugnancia es, para Spinoza (1980 [1670]), una afección efecto de la constitución del cuerpo que acontece luego de deleitarse con el sabor de un alimento, en especial cuando la presencia de este último se mantiene junto con el deseo de comerlo. Propone que esa afección está en directa relación con el hastío, por lo que algo del empalago y de lo lleno vuelve a presentarse.
A la vez, aquí se ofrece la posibilidad de componer otras ideas, entre la repugnancia y el hartazgo: el hartazgo parece ser lo que acontece luego de la repugnancia.
Mientras que el hartazgo es el nombre de un efecto, harta es un adjetivo que acompaña a un estar. En 2018, en Uruguay, un colectivo feminista engendró un proyecto editorial que pretende interrogar los estereotipos de género y el machismo (Harta, 2018). Esta acción transforma el adjetivo en sustantivo, al tiempo que afirma una posición política que implica un hacer. Enfoca un ejercicio que, en principio, sostiene una posibilidad de ampliar el obrar, para poder luego poseer una potencia de actuar. (Deleuze, 2008). Así se saldría de las pasiones, pasando a las acciones.
Estar harta de una vida que se entiende depende de Dios, desconoce las condiciones de posibilidad de esa vida. Gracias a Dios y si Dios quiere enuncian un poder depositado en otro lugar, de quien depende la salvación. Se fundan así esperanzas disociadas de la potencia que se es.
Si sigue viniendo muestra, asimismo, un intersticio, un lugar por donde algo puede brotar. El hastío y lo que repugna quizás funcionen como motor para privarse de lo que alimenta dañando, generando espacios vacíos para hacer otras cosas.
Inflexiones entonces, como desvíos de lo establecido y acompañando las voces que se alzan para que algo distinto, pase. ¿Cómo favorecer el despliegue de modos de hacer para producir desvíos del camino pretendidamente prefijado? ¿Cómo sostener inclinaciones para que el hartazgo se convierta en motor de transformaciones?
Hastíos y angustias [actualidad]
Decenas de cabezas agachadas sobre las pantallas se sustraen a las miradas en el aula, la calle, el ómnibus, los pasillos, en la playa. Así se evitan las angustias que dejan ver los ojos, las propias y las de otros. Claro, no es fácil sostener la angustia de otros en estos tiempos; bah, no es fácil sostener algo en estos tiempos.
El trabajo clínico situado hoy se encuentra con la exclamación de Brecht: “¡Qué tiempos son estos, en que hablar sobre árboles es casi un crimen porque implica silenciar tanta injusticia! Ese, que cruza tranquilamente la calle, ¿será encontrado cuando los amigos necesiten su ayuda?” (1986, p. 5). Interesa sostener ese decir y transformarlo en pregunta; por su actualidad dispone algunas pistas para transitar estos tiempos.
¿Qué tiempos son éstos? Son tiempos llenos de voces que se autorizan en el mercado, que indican cómo vivir, cómo comer, cómo entrar en relación. Tiempos diagramados por el mundo ofrecido en las pantallas, que reactivan problemas que no poseen tanta novedad. Esta estriba probablemente en el modo como se presentan y en los hastíos que provocan.
Tiempos donde las injusticias están a la vista de todos, se muestran sin que el horror que provocan se transforme en algo distinto. Gestan estados de pasión sustrayendo las ideas y manteniendo la pura afectación. Atropellos que pasan de estar en una marquesina desmesuradamente iluminada a perder su visibilidad. De ese modo se suscitan sensibilidades sin pensamiento, sin preguntas, que favorecen ensimismamientos que cautivan. Cautivan apresando y cautivan subyugando.
Se escuchan voces que gritan acerca de la falta de empatía; gritan brutalmente de modo tal que provocan el hastío de quien escucha. Ocasionan así el efecto contrario al que dicen buscar. Bifo (2020) denuncia un tiempo de atrofia de la empatía como el modo que hace posible sentir-con, y señala una hegemonía de lo conectivo que deja atrás lo conjuntivo. Así el modelo por excelencia es el de la conexión total que empuja a la homogeneidad y reduce las relaciones a modelos formateados.
Las angustias -in sostenibles- se transforman en síntomas a atender; las pastillas vienen a aplacar los afectos que acompañan a las sublevaciones. Son los remedios que usa el capital, que produce dispositivos y disposiciones que incluyen como eje transversal afectos del orden de la sujeción. Ya en el siglo 16 De La Boétie (2016, [1549]) planteó la pregunta acerca de cuáles son las condiciones que producen el estado de servidumbre, que mantiene vigencia plena.
¿Cómo mantener estados de inquietud que hagan posible seguir pensando, desertando de los sitios donde se captura el deseo? ¿Cómo fugarse de las conexiones propuestas, habilitando la producción de conjunciones alegres?
Potencia [en los hastíos]
¡Se ven luciérnagas! Revolotean sobre los pastos húmedos de las vacaciones. Esos bichitos iluminan alegremente, y alivian la oscuridad de esta noche, corolario de un día lleno de noticias crueles del mundo
Si se deserta del régimen de la moral y se ingresa a la construcción de posiciones éticas, es posible identificar el hastío como potencia. Para Spinoza (1980 [1670]) la potencia no es algo que se posee sino que se es: fuerza activa que permite perseverar en el ser.
La potencia en el hastío permitiría identificar lo que se puede en relación directa con propósitos inmanentes que alejan la idea del lugar preestablecido hacia donde ir.
Con Guattari (2000) tal vez interese identificar qué señales de nuevos universos de referencia puedan servir para transformar las situaciones, manteniendo además la idea de clínica como aquella que “transcurre en un espacio sui generis que puede ser constituido en cualquier lugar, toda vez que “Voluntades de ayuda” (según una redefinición de la idea de Nietzsche) plasmen subjetividades que se encuentran para auxiliarse” (Baremblitt, 1997, pp. 7-8)
Un estar hastiado quizás haga posible renunciar a posesiones dañinas, y admita que se sostengan formas donde lo paradojal, lo ambivalente y lo ambiguo pervivan, propicie ebulliciones cuando sea necesario, ofreciendo ramificaciones y abriendo a lo posible de las fugas, cuidando las vidas.
Concéntrico
Un jardín entre muros. El viento que no llega
con demasiada fuerza. Los diferentes tonos
del verde, el ocre. Un techo
de ramas enlazadas, que más arriba sorben
el alto azul, la luz.
Y allí, de pronto
al abrirse las páginas de un nuevo libro
se crea otro jardín con altos muros
y hay un aire- palabra
una luz- pensamiento
Circe Maia. (1990) A nueva luz. Poesía completa.
1 Juego popular infantil, que requiere el trazado de un tablero sobre el piso y que se juega saltando entre los distintos casilleros de aquel.
2 Otras cursivas vienen como ideas que saltan en la rayuela, nacidas en el tiempo espacio del descanso veraniego.
Bibliografía
Baremblitt, G. (1997). A clínica como ela é. Dez pontos para uma apresentaçao. En G. Baremblitt, M. Baggio, O. Saidón, A. Raggio, E. Losicer, M. Matrajt, J. Volnovich...A. Lancetti. Saúdelocura. A clínica como ela é. (pp. 5- 10). Hucitec.
Barthes, R. (1994). El susurro del lenguaje: Más allá de la palabra y la escritura (Trad. C. Fernández Medrano). Paidós.
Benjamin, W. (2005). El libro de los pasajes. Akal.
Berardi, F. (Bifo) (2020). El umbral. Crónicas y meditaciones. Tinta limón.
Brecht, B. (1986). A los que vendrán después. En Poemas 1913-1956. Edit. Brasiliense,
De Brasi, J. (1995). Grupo: Multiplicidad. En S. Castro, J. De Brasi, L. Elola, G. Galli, A. Lans y A. Raggio, Dimensiones de la grupalidad (pp. 91- 108). Multiplicidades.
De La Boétie, E. (2016). Discurso de la servidumbre voluntaria (Trad. Colectivo Etcétera). Virus. (Trabajo original publicado en 1549).
Deleuze, G. (2008). En medio de Spinoza (Trad. Equipo Editorial Cactus). Cactus.
Fernández- Savater, A. (31 de agosto de 2019). Entrevista con Franco Berardi, Bifo. ¨Volver a aburrirnos es la última aventura posible¨. Lobo suelto. Anarquía coronada. https://lobosuelto.com/entrevista-con-franco-berardi-bifo-%C2%A8volver-a-aburrirnos-es-la-ultima-aventura-posible%C2%A8/
Guattari, F. (2000). Cartografías esquizoanalíticas. Manantial.
Harta (2018). ¿Quiénes somos? https://www.harta.uy/
Nietzsche, F. (2002). La Gaya Ciencia (Trad. J. Mardomingo Sierra). Edaf. (Trabajo original publicado en 1882).
Spinoza, B. (1980). Ética: demostrada según el orden geométrico (Trad. Vidal Peña). Hyspamérica. (Trabajo original publicado en 1677).




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