• Revista Adynata

Me robaron los órganos / Fernando Stivala


Texto presentado para el espacio de Hablas coloniales en las Jornada Grupos II 2019 “Hablas del Capital, hablas patriarcales, hablas emancipatorias, hablas coloniales.”

Texto performativo leído por diferentes voces.



-Me robaron los órganos doctor.

-¿Está seguro?


-Me robaron los órganos

-Piense en otra cosa. Ya se le va a pasar.


-Me robaron los órganos.

-No es para tanto. Ud está exagerando.


-Siempre le pasa lo mismo.


-Hay que ver que hiciste vos.


-Eso nunca pasó.


-Sos muy sensible.


-Te lo estás imaginando.



-La represión disfraza el dolor, lo dosifica.


La negación suprime la experiencia.


La renegación le quita importancia.


Insensibilidades pasan por delante del sufrimiento como si no les pasara nada.



-A los comunicadores,

a los que colonizan lo inatrapable.

Les disputamos el relato a los dueños de la cultura que clasifican lo mucho.

Los denunciamos, de haber anoticiado a la sociedad de que lo inconmesurable hay que retenerlo.

Inmovilizarlo con diagnósticos despreciativos.

Colgarlos en sus cuellos.

Que sean sus nombres.

Y así, presentarse ante el mundo.


Llamaron al amor, al odio, a la vergüenza, a la humillación, al rencor, al miedo, a la gloria, a la devoción, a la satisfacción; demencia, neurosis obsesiva, depresión, estrés, fobia, ansiedad, esquizofrenia, desequilibrio, enajenación.

Llamaron al deseo por lo múltiple histeria, bipolaridad, trastorno del ánimo.


-Definite.

Tenés que saber lo que querés.


-Las pasiones tienen que ser ordenadas.

-Me robaron los órganos.

-Vos estás re loco


-Modo de decir que alguien gusta de aventuras, de impredecibles.

-Me robaron los órganos.

-¡Que loco lindo!


-Modo de destacar una personalidad, un personaje, un fuera del rebaño.

Un fuera de la serie normal. Evidencia la aproximación entre locura y procesos de creación.



-Locuras simpatizan por su capacidad de interrumpir inesperadamente los modos de relación habituales.

Locuras seducen por su capacidad de desplegar acciones imprevistas o sorprendentes que escapan a lo esperado.


El humor también atrae por su capacidad de percibir que las cosas no sean como vienen siendo.

El humor también encanta por su disposición a sorprenderse por lógicas desconocidas.


Cultura: ¿cualquier lucha social en la que haya humor?

Cultura: ¿cuando las personas que se están organizando para algo pueden reirse de sí mismas, tomar distancia irónica, darse cuenta de que pueden pensar cosas que no hubieran imaginado?



-Me robaron los órganos

-Estás loco, no sabes lo que decís.


-Modos de hablar de la Desestimación.



-Me robaron los órganos

-No le creas a este loco.


-Modos de hablar de la Desaprobación.


-También desbordes provocan miedo por su capacidad de emoción desenfrenada que se lleva puesta toda racionalidad.



-Un día te vas a cruzar a alguien más loco que vos.


-Afirmación del miedo en una irracionalidad capaz de cualquier cosa.

Afirmación del sentido común del discurso psiquiátrico.


-Ser peligroso para sí y para terceeeeeroooooos.


-Miedo-excusa justificador de encierros.

Discurso psiquiátrico que lo porta cualquier mecanismo de control y seguridad que toda sociedad civilizada necesita tener.

Incluso en los relatos de inclusión: integraciones escolares, acompañamientos terapéuticos, psicólogxs, desmanicomializadores.


-´¡Que se integren en la sociedad!´


-Pero Doctor, Me robaron los órganos

¿Ésto tiene cura?

-Se sabe que hay un lugar para que eso mucho habite refugios.

Sin pretensiones ni asfixias de cura.

Porque sino, cuando estén mal, porque vamos a estar mal, (los dolores van y vienen) acontecen impotencias.


-´No pude´. ´Fallé´. ´Fracasé´.


-Impotencias adormecen cuerpos.

Pueblos obedientes.



-Queremos una cultura que dispute los mecanismos para que esa fuerza de acción no se apague o disminuya.

Disputar esos lugares a la impotencia y al miedo; disputar la confianza, la valentía, el humor, la astucia, entre otras.

Rasgos que se activan en la acción.


Queremos una cultura que interrumpa los modos de normalización de una comunidad que impide los movimientos de lo Mucho.

Una cultura que diga pero no defina.

Que proponga y habite la multiplicidad desdeñada, sin querer capturarla y definirla para siempre.


¿Y de dónde vamos a sacar la fuerza viva para agitar lo inmovilizado?

¿La política?

Despatologizar las emociones.



-Me robaron los órganos doctor.

Si una ciudad no sabe como alojar las angustias de sus habitantes, llama locura a eso que le incomoda escuchar, ¿sabe?

Un pueblo que no soporta sus dolores los aparta y los excluye.

Apartar los dolores es olvidarlos.

El olvido que se vuelve costumbre se transforma en indolencia.

¡Somos cómplices de esa insensibilidad!


Emociones encerradas durante siglos entre los muros del manicomio.

Y ahora, ¿a dónde las van a ir a buscar?


-Insensibilidades tienen intensidades silenciadas, apagadas;

las que se sienten en las tripas,

en las entrañas,

en los intestinos,

en los órganos.



-Doctora,

Si una ciudad se seca de lágrimas, las tiene que ir a buscar ahí donde las marginó.

A esos reservorios de energía.

Los humanos del éxito ocultaron sus angustias, las olvidaron.


Los normales ya marchitos tienen que ir a saquear lo que alguna vez expulsaron.

Llamaron uno a lo mucho.


Le pusieron nombre a las emociones y las congelaron.


A alegría, tristeza, bronca, fastidio, vergüenza, gula, ambición, gloria, menosprecio, envidia, misercordia, humildad, arrepentimiento, soberbia, audacia, crueldad, venganza, amor, odio, rencor, sororidad, egoismo, celos, miedo, esperanza, fracaso, desprecio, asombro, repulsión, devoción, seguridad, satisfacción, desesperación, indignación, reconocimiento, deseo; Los Comunicadores las llaman histeria, esquizofrenia, bipolaridad, add, ansiedad, ataques de pánico, estrés, neurosis, autismo, demencia, insanía, enajenación, adicciones, psicóticos, delirantes, místicas, depresivos, hipocondríacas, bulímicos, sádicas, perversos.

-Me robaron los órganos, rugido de voces de lo nunca silenciado

Aullido de un futuro sin imaginación.

Denuncia repetida de un porvenir insensible.


Un reloj que adelanta.

-La normalidad me ha robado los órganos doctor. Y no le alcanza.




Hugo Vidal, Botella en mensaje, Intervención en supermercados 2007-2008


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