• Revista Adynata

Post Guardia XV / Débora Chevnik

El pibe vaga por el hospital conociendo ya el diagnóstico. Así, pasea su covid de punta a punta. Que tenía amigxs psicólogxs que conoció en la internación anterior y que quería ir a saludar, que hacía mucho que no pasaba por el hospital donde comenzó a atenderse siendo un bebé y quería andar por ahí, y otras historias devenidas urgencias, se desoyen para escuchar las voces que ya saben. La gorra alucina, solo tiene oídos para las perezosas interpretaciones prêt-à-porter. Repite "no adhiere a las indicaciones porque tiene un diagnóstico de...". ¿Está bien pasearse por el hospital teniendo covid? ¿A ver el coro?!! Nooo, está mal! Está mal mal mal muy mal. Entonces, medicación para que se quede quietito quietito. Pero… la ciencia de la sinapsis puesta al servicio del orden del mundo no solo no lo deja quietito quietito sino que, ahora, además tiene una baba colgando hasta el ombligo. Y con cada broma y con cada abrazo que atina a dar -porque es muy cariñoso, eso no lo niega nadie- pendula esa indisciplinada y suelta baba. Ahora, el brazo químico de la tranquilidad institucional, se debilita. Porque ante la hediondez de esa larga transparencia y entre tanto cariño que quiere abrazar a toda costa no sabe qué hacer. Mirando de frente y desempañando la semiología, no se sabe bien si es la baba la que pende del desacatado ímpetu bromista juvenil o si es el pulcro y académicamente-justificado intento de disciplinamiento lo que pende de esa viscosidad inusual. Al construir modos de estar en el trabajo institucional, ¿qué hay entre nosotrxs?, ¿qué pasa entre nuestros cuerpos?

En la baba, hoy, ríe la risa que ríe de los empecinamientos de la razón.

Slinkachu “Play fighting” 2013

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