• Revista Adynata

Post Guardia XXVII / Débora Chevnik

Nadie. Ni unx se inmutó cuando dijeron que el 1 de julio tendrán una adecuada sepultura. Es más, se escuchó decir que será festejado con un asado. Nos transformaremos en sepulturerxs de libros, comeremos carne y beberemos.


Este invierno nos trae la novedad del traspaso de los registros de las consultas: pasaremos del papel, como hacemos hace décadas, hace más de un siglo!!, al soporte electrónico.

La era del copio y pego y de las palabras predictivas está instalada.


Me acuerdo una vez, una compañera que comía un tostado de queso y tomate arriba del libro de guardia mientras lo escribía. Yo transpiraba la gota gorda, casi que podía ver la mancha de grasa en el registro de la consulta que escribíamos. Otra vuelta, sin darme cuenta, lo juro, apoyé el libro en una camilla sobre una mancha de vaya a saber qué.


El libro de guardia del equipo de salud mental, ese que lxs amigxs pediatras llaman el libro de “me dijo le dije”, está llegando a sus días póstumos. Un nombre cariñoso para uno de los últimos lugares donde se registra la novela humana que llega a los hospitales y aún no fue del todo sintetizada-zipeada-codificada ni panoptiqueada.


Se acaban los manchones, las hojas arrugadas sin querer, las letras ilegibles, los chistes de la letra de médicx, los pifies al momento de escribir la fecha porque si, porque lapsus. Se acaban las letras raras, las envidiables, las gigantografías, las nanoescrituras. Se acaban los trazos, las firmezas, los tachones, los errose y los sic.


Lo que nos hace el papel; esa memoria, esa espacialidad, ese cuerpo: game over.

Lentitudes y tropiezos mutan en bits bytes and bites.


No muere nadie, muere el papel, morimos todxs. Reencarnaremos en hackeos y en un café de madrugada derramado sobre algún teclado distraído.


Lisa Swerling De la serie: “Un absoluto desprecio por las consecuencias” miniatura 2021

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