• Revista Adynata

Silencios en las aulas / Marcelo Percia

La imagen de una instalación de la artista japonesa Chiharu Shiota (2008) acompaña la proposición darse a la clase.

La obra está compuesta por un piano quemado, sillas quemadas, lanas negras.

Como infinitos hilos enmarañados en un gran salón, así, se puede concebir una clase en tiempos de proximidades y distancias físicas.

Como madejas de caprichos, obligaciones, deseos que, cada tanto, se despliegan.

Chiharu Shiota dice en una entrevista: “Cuando encontré los hilos de lana, tan suaves y fáciles de manejar, entendí que ya podía pintar un espacio…”.

Dibuja una común ausencia de soledades que, sin embargo, se enredan lo sepan o no.

Pero, las materialidades corporales que vibran, en sus roces, sudores y alientos, ¿dónde están? ¿En los restos crasos y negros que el humo deposita en las superficies de los cuerpos? ¿En un ardido encuentro del que se sabe por el hollín que queda tras un incendio? ¿Están absorbidas y devoradas por esas lanas? ¿O están siempre por llegar a una bruma de conexiones sonoras, hablantes, nerviosas, comenzadas mucho antes de que nos sumerjamos en ellas?

Estamos inmersos en el silencio de esas ausencias, en sus remotas huellas, en sus sordos murmullos, en sus precisos desórdenes arácnidos.

Mientras estamos acá (¡qué acá misterioso el del zoom!) el aula catorce de la sede de Yrigoyen está vacía.

Tal vez allí, ahora, el ruido estremecedor del aletear de las palomas.

Unas pocas que, cada tanto, se resguardan en aquellas altas columnas.

Darse a la clase consiste también en darse al silencio.



Chiharu Shiota (2008) In the silence

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