• Revista Adynata

Sobreviviente / Marcelo Percia

Lo llamaban El Profeta.


De joven, se instalaba en un semáforo del barrio de Monserrat para comunicar a viva voz que estaba por llegar un virus que mataría a todos.


Como detectaba aguijones infectados en el aire, comenzó a salir con un traje de apicultor. Entonces, lo internaron.


Cuando le preguntaron si tenía la capacidad para predecir el futuro, respondió que no se trataba de un don, sino de un castigo.


Se sentía más seguro durmiendo con los zapatos puestos. Se despertaba sobresaltado por el sonido de una alarma que se disparaba en sus sueños.


No se sabía más de su vida.


En una reunión del taller de literatura, contó que antes de conocer su misión, estuvo muy enamorado de una bióloga, pero que ella nunca lo supo.


Vivía muy preocupado, pero lo que más lo angustiaba era quedar como único sobreviviente de la tierra.


Salvo estas visiones que lo mantenían distante y retraído, tenía relaciones cordiales con quienes estaban en el hospital. Y, cuando estaba de buen humor, se despedía -en cualquier momento del año- diciendo ¡Feliz Navidad!


Keith Haring Dibujo de Navidad del metro

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