• Revista Adynata

A pesar de / Constanza Banus

Estamos en la plaza, en el marco del Detectar 2022, se acercan personas para buscar información, para hisoparse, para orientarse en relación al Covid-19. Llega Marco, presenta síntomas: tos, dolor de garganta, dolor corporal, rinitis. Marco está con su mamá, preguntamos por les convivientes, los síntomas son el hilo conductor hacia esas vidas.


La imagen de una vida alambrada estremece el presente. Se la constata en cárceles y fronteras, en campos de exterminio y campamentos para refugiados, en territorios militarizados y exclusivos, en perímetros de plazas y barrios privados, en fábricas y escuelas. En todas las violencias que laceran los cuerpos.” (Marcelo Percia) [1].


Viven en un departamento cercano al Riachuelo, la madre con sus hijes: el más grande con discapacidad (consecuencia de un disparo y la meningitis) lo que le dificulta la comprensión de las indicaciones de cuidado, su otro hermano está en silla de ruedas porque, cuenta Marco, no quería que la transa se instalara en el barrio "porque es mala, trata mal a los pibes, los hace golpear o matar. Mi hermano era transa también, la mina le hizo pegar un tiro por uno que andaba antes con él”. El tiro le atravesó la medula espinal y le dañó una cantidad de órganos tal, que los médicos debieron hacer injertos y otras cuestiones para que ese organismo siga viviendo, su salud se deteriora cada día, la ambulancia no lo quiere llevar cuando levanta fiebre porque dicen que no es de vida o muerte, la madre dice que cada síntoma en él, lo es. Su otra hija, dice, anda perdida “por las drogas” entra y sale de la casa como quiere, no limpia ni ayuda, “anda en el barrio drogándose y visitando al novio que está preso”, está preso, me cuenta “por unas escuchas de la policía”, “ese ahogó a un pibito” agrega Marco, y no está preso por eso, no está pagando por eso, repregunto, la madre cuenta que “en una entradera, para asustar a la familia y que les diga dónde estaba la plata, le metían al pibe la cabeza en un tacho de pintura, y lo mató”. “Es un maldito” agrega, supongo, y lo expreso, que es muy difícil acompañar a su hermana, Marco dice que la hermana también es una maldita porque no le importa nada de nadie, solo drogarse, que él tiene todo el cráneo roto, “todo por la droga”: salió con la moto “así re loco” y chocó contra un auto, no se acuerda de nada, ahora lo tienen que operar porque una parte no soldó y se le hizo una capa de grasa. “Por la droga” también mataron a su otro hermano, estaba por viajar para hacer plata para el 15 de la hija, quería laburar con el padre que está bien en otra provincia, perdió el micro y “se re cascó” se fue a comprar a lo de la transa de otro barrio, “el fue allá y no tenía que ir, la mina lo agitó porque otro transa le había bardeado al hijo, no se que había pasado, y fueron a buscar al tipo, le dieron un par de puntazos pero a él le pegaron un tiro, yo se quien fue”. La madre agrega datos, mira hacia abajo, le digo que debe ser muy doloroso todo esto, llora, “yo estoy a cargo de mis nietitas porque mi hija no las cuida, lo único que quiere es drogarse y yo no puedo sola con todo”. Marco baja la cabeza y dice “yo la ayudo, laburo ahora todo el día, dejé las drogas, llego limpio, pero los otros nada, además pasó lo de mi hermano y lo de mi primo hace un par de meses”, pregunto qué pasó, me cuenta que lo mató la policía, que estaban aburridos, que no tenían necesidad, que lo agitó como un juego para ir a arrebatar un celular, que lo hacía siempre, pasaba con la moto te lo sacaba de la mano, se reía y te lo daba, “él trabajaba, ya no robaba más, no tenía necesidad, me lo mataron, era uno de los hijos de mi hija, mi nietito”, Marco dice que se siente culpable, que él lo podría haber frenado, decirle que no, que le arrebataron el celular a una mina y la mina llamó a la cana y que la cana les dijo que no se muevan o algo así, y que él arrancó, ahí le pegaron un tiro y lo mataron. Su madre, a cargo de 2 hijos discapacitados, una hija tomada por las sustancias, la herida de su hijo y su nieto asesinados recientemente y a cargo de sus otras 2 nietitas, cuenta de esas vidas y muertes y apenas puede lagrimear. Marco tiene que testearse porque en su trabajo si no justifica las faltas lo pueden rajar, le decimos que si podemos ayudarlo en algo estaremos allí al día siguiente y algunos más. A los 3 días regresa para que le demos “algún papel que le sirva para el trabajo”, recordaba mi nombre y me contó que ya estaba bien, que a su hermano finalmente lo habían trasladado al hospital y él fue a llevarle cosas. Junto a la coordinación articulamos un lazo con el municipio para que asistan a la madre con algo de alimento, con algo de escucha con algo. A Marco le damos el volante con el 0800 de salud mental, por si querés vos o tu mamá o alguien…

Perplejidades se distinguen de asombros.


Distinciones, si no inspeccionan dominios ya establecidos, pueden pensarse como rescates de cosas poco perceptibles y como invenciones de un matiz.

Practicamos clínicas que rescatan lo inaudible y que inventan matices: instantáneas de burbujas únicas que dibujan trayectos y formas irrepetibles en el aire.” [2]

Desde fines de enero las consultas han bajado mucho, los meses dedicados al territorio en condiciones, muchas veces precarias, han impactado sobre la salud de quienes trabajamos en varios aspectos, dice la hematóloga que me he comido el hierro de la sangre y el hierro de reserva, hago chistes de ser vampira, la infusión de hierro inyectable aún no ha podido concretarse ya que hace días y días que nadie atiende la solicitud de turno, cansancios cansados de estar ocupando tanto espacio, hartazgos y esperas se suceden.


Asoma por entre los caminitos de la plaza una joven, tiene tos, mucha tos, "la sacaron cagando del hospital" a ella y al marido, nos cuenta que viven en la calle, son 4 ahora, antes eran un montón, el marido es alcohólico dice, “a la mañana se levanta como con párkinson”, imita el movimiento de manos temblando, le cuento que eso puede ser el síndrome de abstinencia, me cuenta que se levanta y se toma un “Fernandito” que ella le dice que no, que ella “es paquera” que vivía de chiquita en la estación constitución, que siempre estaba drogada, tiene 4 hijos, están con el papá, no los ve hace 3 años o más, no sabe porque siempre estaba muy drogada, ahora por la enfermedad paró, le duele mucho, se siente muy mal, paró, dice que puede ver el día y la noche, que está viviendo acá en un galpón con un amigo, porque como está enferma le dijo el amigo que vaya a ver si la atendían por acá, le cuento que hay lugares donde la pueden ayudar, que hay un hospital nacional, se lo nombro, que puede ayudarla con lo del paco, pero que primero tiene que pedir una radiografía para ver “lo de la tos”, el hisopado da negativo, la vemos ir hacia el lado contrario al hospital, al rato pasa, ella y su amigo en silla de ruedas, que la acompaña. Junto a la trabajadora social y la coordinación se articula con el municipio una intervención.


Al día siguiente el dolor de garganta me aísla, escribe la compañera que acompañó la conversación: “Hoy nos visitó Susi, la chica de ayer que entrevistaste, fue al hospital y la atendieron súper, le hicieron una tomografía; alta neumonía compa, pasó la buscar medicación que el hospi no tenía. Además de eso quiere la dirección del lugar que le comentaste para iniciar su rehabilitación.”


Dice Vincent Van Gogh a su hermano Theo en una carta:

“Bueno ¿sabes lo que espero cada vez que me pongo a tener esperanzas? Que la familia sea para ti lo que es para mí la naturaleza, los montones de tierra, la hierba, el trigo amarillo, el aldeano, es decir, que encuentres en tu amor por la gente no solamente lo que dé de trabajar sino de qué consolarte y rehacerte cuando haya necesidad.”


Y escucho el eco de esas deseanzas entre quienes nos afectamos: que encuentre en el amor por el oficio de la clínica, no solamente lo que dé de trabajar sino en qué rehacer consuelos y necesidades.

[1] y [2] Percia, Marcelo: (2022) Sesiones en el naufragio (18) Perplejidades. Revista Adynata https://www.revistaadynata.com/post/sesiones-en-el-naufragio-18-perplejidades---marcelo-percia


Nicolás García Uriburu Las tres gracias 200 x 180 cm. óleo / acrílico sobre tela

Entre las figuras poéticas y retóricas, Adynata (plural de Adynaton, que suena a palabra femenina en castellano) compone lo imposible. Procura insurgencias, exageraciones paradojales, lenguas inventadas, disparates colmados, mundos enrevesados, infancias en las que “nada el pájaro y vuela el pez”.